David Copperfield (Charles Dickens) - pág.435
Indice General
|
Volver
Página 435 de 653
No se hubiera puesto usted en ese estado si no hubiera bebido tanto; ya se arrepentirá usted mañana, caballero. Si yo también he dicho algo más de lo que debía, ¡vaya una cosa! Ha podido usted ver que no me he obstinado.
La puerta se abrió y Agnes entró suavemente, pálida como una muerta; pasó su brazo alrededor del cuello de su padre y le dijo con firmeza: «¡Papá, no te encuentras bien, vente conmigo! ».
Él dejó caer la cabeza en el hombro de su hija, como si estuviera agobiado de vergüenza, y salieron juntos. Los ojos de Agnes se encontraron con los míos, y vi que sabía todo lo que había pasado.
-No creía yo que iba a tomar la cosa así, míster Copperfield -dijo Uriah-; pero esto no es nada; mañana nos habremos reconciliado. Es por su bien. Yo deseo humildemente su bien.
No le contesté una palabra y subí a la tranquila habitación donde Agnes había venido tan a menudo a sentarse a mi lado mientras yo trabajaba. Allí permanecí hasta bastante tarde, sin que nadie viniera a hacerme compañía. Cogí un libro y traté de leer; esperé a que dieran las doce en los relojes, y leía todavía, sin saber lo que leía, cuando Agnes me tocó suavemente en el hombro.
-¿Te vas mañana temprano, Trotwood? Vengo a decirte adiós.
Había llorado; pero su rostro estaba ya bello y tranquilo.
-¡Que Dios te bendiga! -me dijo tendiéndome la mano.
-Mi querida Agnes -respondí-; veo que no quieres que te hable esta noche de ello-, pero ¿no podríamos hacer nada?
-Confiar en Dios -contestó.
-¿No puedo hacer nada, yo que vengo a aburrirte con mis pobres penas?
-Tú haces las mías menos amargas, mi querido Trotwood.
-Agnes, querida mía; es una gran pretensión por mi parte el pensar darte un consejo, yo que tengo tan poco de lo que tú posees tanto: bondad, valor, nobleza; pero ya sabes cuánto te quiero y todo lo que te debo. Agnes, ¿no te sacrificarás nunca a un deber mal comprendido?
Retrocedió un paso y dejó mi mano. Nunca la había visto tan inquieta.
-Dime que no has tenido semejante pensamiento, querida Agnes; tú que eres para mí más que una hermana, piensa en lo que vale un corazón como el tuyo, un amor como el tuyo.
¡Ah! ¡Cuántas veces he vuelto a ver después aquel dulce rostro y aquella mirada de un instante, aquella mirada donde no había sorpresa ni reproche ni resentimiento! ¡Cuántas veces he visto después la encantadora sonrisa con que me dijo que estaba segura de ella misma y que no había nada que temer; después me llamó su hermano y desapareció!
Todavía era de noche cuando al día siguiente subí a la diligencia en la puerta de la posada. El día comenzaba a despuntar, a íbamos a partir, cuando en el momento en que mi pensamiento se volvía hacia Agnes vi la cabeza de Uriah que se encaramaba a mi lado.
-Copperfield -me dijo en voz baja agarrándose al coche-, he pensado que le gustaría saber antes de su partida que todo está arreglado.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
401
402
403
404
405
406
407
408
409
410
411
412
413
414
415
416
417
418
419
420
421
422
423
424
425
426
427
428
429
430
431
432
433
434
435
436
437
438
439
440
441
442
443
444
445
446
447
448
449
450
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|