La Galatea (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.23
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la gloria se ha deshecho,
como la cera al sol o niebla al viento;
y toda mi ventura
cierra la piedra de tu sepultura.
¿Cómo pudo la mano
inexorable y cruda,
y el intento cruel, facinoroso,
del vengativo hermano
dejar libre y desnuda
tu alma del mortal velo hermoso?
¿Por qué tu[r]bó el reposo
de nuestros corazones?
Que, si no se acabaran,
en uno se juntaran
con honestas y sanctas condiciones.
¡Ay, fiera mano esquiva!,
¿cómo ordenaste que muriendo viva?
En llanto sempiterno
mi ánima mezquina
los años pasará, mews y días;
la tuya, en gozo eterno
y edad firme y contina,
no temerá del tiempo las porfías;
con dulces alegrías
verás firme la gloria
que tu loable vida
te tuvo merescida;
y si puede caber en tu memoria
del suelo no perderla,
de quien tanto te amó debes tenerla.
Mas, ¡oh!, cuán simple he sido,
alma bendita y bella,
de pedir que te acuerdes, ni aun burlando
de mí que t´he querido,
pues sé que mi querella
se irá con tal favor eternizando.
Mejor es que, pensando
que soy de ti olvidado,
me apriete con mi llaga,
hasta que se deshaga
con el dolor la vida, qu´ha quedado
en tan estraña suerte,
que no tiene por mal el de la muerte.
Goza en el sancto coro
con otras almas sanctas,
alma, de aquel seguro bien entero,
alto, rico tesoro,
mercedes, gracias tantas
que goza el que no huye el buen sendero;
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