David Copperfield (Charles Dickens) - pág.424
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Le pregunté si estaba satisfecho del trato de su amigo Heep. Empezó por cerciorarse de si la puerta estaba bien cerrada, y después me respondió en voz baja:
-Mi querido Copperfield, cuando se está bajo el golpe de las dificultades pecuniarias se pone uno bis a bis con la mayor parte de la gente en una situación muy violenta, y lo que no mejora nada esta situación es el que las dificultades pecuniarias obliguen a pedir el sueldo antes de su término legal. Todo lo que puedo decirle es que mi amigo Heep responde a llamadas a las que no quiero hacer más amplia alusión de una manera que hace igualmente honor a su cabeza y a su corazón.
-¡Nunca le hubiera visto tan pródigo de su dinero! -observé.
-¡Perdón! -dijo Micawber con reserva-. Hablo por experiencia.
-Estoy encantado de que la experiencia le haya resultado tan bien -le respondí.
-Es usted muy bueno, mi querido Copperfield -dijo míster Micawber; y se puso a tararear una canción.
-¿Ve usted a menudo a míster Wickfield? -le pregunté para cambiar la conversación.
-No muy a menudo -dijo míster Micawber con aire de desprecio-; míster Wickfield seguramente tiene las mejores intenciones; pero..., pero... No sirve ya para nada.
-Temo que su asociado haga todo lo posible para ello.
-Mi querido Copperfield -repuso míster Micawber después de ejecutar muchas evoluciones sobre su escabel-, permítame que le haga una observación. Yo estoy como persona de confianza, ocupo un puesto de confianza y mis funciones no me permiten discutir ciertos asuntos, ni siquiera con mistress Micawber (ella, que ha sido tanto tiempo la compañera en las vicisitudes de mi vida y que es una mujer de una inteligencia notable). Me tomaré, por lo tanto, la libertad de hacerle observar que en nuestro trato amistoso, que espero no será turbado nunca, deseo hacer dos partes: A un lado -dijo míster Micawber trazando una línea encima de su pupitre-, a un lado colocaremos todo aquello a que puede llegar la inteligencia humana con una sola y pequeña excepción, es decir, los asuntos de míster Wickfield y Heep y todo lo que a ellos se refiere. Tengo la seguridad de que no ofendo al compañero de mi juventud haciendo a su juicio claro y discreto semejante proposición.
Veía muy bien que míster Micawber había cambiado mucho; parecía que sus nuevos deberes le imponían una reserva penosa; sin embargo, yo no tenía derecho para sentirme ofendido. Pareció más tranquilo y me tendió la mano.
-Estoy encantado de miss Wickfield, Copperfield, se lo juro -dijo míster Micawber-. Es una criatura encantadora, llena de encantos, de gracia y de virtudes. Por mi honor -dijo míster Micawber haciendo el saludo más galante, como para enviar un beso-, rindo homenaje a miss Wickfield.
-Estoy encantado -le dije.
-Si usted no me hubiera asegurado, mi querido Copperfield, el día en que tuvimos el gusto de pasar la tarde con usted, que la D era su letra preferida, hubiera estado convencido de que era la A.
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