La española inglesa (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.21
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A ninguna cosa se ha tocado, ni los turcos habían llegado a ella, porque todo lo dedicó el cielo, y yo lo mandé guardar, para Vuestra Majestad, que con una joya sola que se me dé quedaré en deuda de otras diez naves; la cual joya ya Vuestra Majestad me la tiene prometida, que es a mi buena Isabela. Con ella quedaré rico y premiado, no sólo deste servicio, cual él se sea, que a Vuestra Majestad he hecho, sino de otros muchos que pienso hacer por pagar alguna parte del todo casi infinito que en esta joya Vuestra Majestad me ofrece.
-Levantaos, Ricaredo -respondió la reina-, y creedme que si por precio os hubiera de dar a Isabela, según yo la estimo, no la pudiérades pagar ni con lo que trae esa nave ni con lo que queda en las Indias. Dóyosla porque os la prometí y porque ella es digna de vos y vos lo sois della; vuestro valor solo la merece. Si vos habéis guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos. Y aunque os parezca que no hago mucho en volveros lo que es vuestro, yo sé que os hago mucha merced en ello: que las prendas que se compran a deseos y tienen su estimación en el alma del comprador, aquello valen que vale una alma, que no hay precio en la tierra con que aprecialla. Isabela es vuestra, véisla allí; cuando quisiéredes podéis tomar su entera posesión, y creo será con su gusto, porque es discreta, y sabrá ponderar la amistad que le hacéis, que no la quiero llamar merced, sino amistad, porque me quiero alzar con el nombre de que yo sola puedo hacerle mercedes.
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