David Copperfield (Charles Dickens) - pág.401
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Podia esperarse que en vísperas de una emigración que abre ante nosotros una existencia completamente nueva (míster Micawber hablaba como si fuera a establecerse a quinientas mil millas de Londres) deseara dirigir algunas palabras de despedida a dos amigos como los presentes; pero ya he dicho todo lo que tenía que decir. Sea cual fuere la situación social a que pueda llegar siguiendo la profesión sabia de que voy a ser un miembro indigno, trataré de no desmerecer y de hacer honor a mistress Micawber. Bajo el peso de las dificultades pecuniarias temporales, provenientes de compromisos contraídos con intención de responder a ellos inmediatamente, pero de los que no he podido librarme a consecuencia de circunstancias diversas, me he visto en la necesidad de ponerme un traje que repugna a mis instintos naturales, quiero decir gafas, y de tomar posesión de un nombre sobre el que no puedo establecer ninguna pretensión legítima. Todo lo que puedo decir de ello es que las nubes han desaparecido del horizonte sombrío y que el ángel de la guarda reina de nuevo sobre la cumbre de las montañas. El lunes a las cuatro, a la llegada de la diligencia a Canterbury, mi pie hollará su tierra natal y mi nombre será ¡Micawber!
Míster Micawber volvió a sentarse después de aquellas observaciones y bebió dos vasos seguidos de ponche con la mayor gravedad; después añadió en tono solemne:
-Me queda todavía algo que hacer antes de separamos; me queda cumplir un acto de justicia. Mi amigo míster Thomas Traddles, en dos ocasiones diferentes ha puesto su firma, si puedo emplear esta expresión vulgar, en pagarés para mi uso. En la primera ocasión míster Thomas Traddles ha sido... debo decir que ha sido cogido en el lazo. El término del segundo todavía no ha llegado. El primero ascendía a (en esto míster Micawber examinó cuidadosamente sus papeles), creo que ascendía a veintitrés libras, cuatro chelines y nueve peniques y medio; el segundo, según mis notas, era de dieciocho libras, seis chelines y dos peniques; estas dos sumas hacen un conjunto total de cuarenta y una libras, diez chelines y once peniques y medio, si mis cálculos son exactos. ¿Mi amigo Copperfield quiere tener la bondad de comprobar la suma?
Lo hice, y encontré la cuenta exacta.
-Sería un peso insoportable para mí -dijo míster Micawber- dejar esta metrópoli y a mi amigo míster Thomas Traddles sin pagar la parte pecuniaria de mis obligaciones con él. He preparado, y lo tengo en la mano, un documento que responde a mis deseos sobre este punto. Pido permiso a mi amigo míster Traddles para entregarle mi pagaré por la suma de cuarenta y una libras, diez chelines y once peniques y medio, y hecho esto recobro toda mi dignidad moral y siento que puedo andar con la cabeza levantada ante mis semejantes.
Después de haber soltado este prefacio con viva emoción, míster Micawber puso su pagaré entre las manos de Traddles y le aseguró sus buenos deseos para todas las circunstancias de su vida.
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