David Copperfield (Charles Dickens) - pág.384
Indice General
|
Volver
Página 384 de 653
Quizá puedan decir eso de Betsey uno de estos días. Ahora, Agnes, dime tú que tienes buena cabeza; tú también, desde algunos puntos de vista, Trot, aunque no siempre se te pueda hacer ese elogio.
Y mi tía, sacudiendo la cabeza con su energía habitual, prosiguió:
-¿Qué haremos? Mi casa viene a dar unas setenta libras al año, y con eso creo que podemos contar de una manera positiva. Pero es todo lo que poseemos -dijo mi tía, que era (con perdón) como ciertos caballos que se detienen bruscamente en el momento en que parece que iban a salir al galope.
-Además -dijo después de un momento de silencioestá Dick, que tiene mil libras al año; pero hay que decir que eso hay que reservarlo para sus gastos personales. Preferiría no conservarlo a mi lado, a pesar de que sé que soy la única persona que le aprecia, antes que conservarlo de no ser con la condición de gastar su dinero en él únicamente hasta el último céntimo. ¿Qué podemos hacer Trot y yo para salir del apuro con nuestros recursos? ¿Qué te parece, Agnes?
-Me parece, tía -dije adelantándome a la respuesta de Agnes-, que debo hacer algo.
-Alistarte como soldado, ¿no es así?, o entrar en la marina -contestó mi tía alarmada-. No quiero oír hablar de ello. Has de ser procurador; no quiero cabezas rotas en la familia, caballero.
Iba a explicarle que tampoco yo tenía interés en introducir en la familia aquel procedimiento simplificado de salir del apuro, cuando Agnes me preguntó si tenía alquilada la casa por mucho tiempo.
-Tocas en la llaga, querida -dijo mi tía-; tenemos esta casa encima para seis meses, a menos de poderla subarrendar, lo que no creo. El último huésped murió aquí, y creo que de cada seis se morirían cinco, aunque sólo fuera de vivir bajo el mismo techo que esa mujer vestida de nanquín con su falda de franela. Tengo algo de dinero contante, y creo, con vosotros, que lo mejor que podemos hacer es terminar aquí el plazo, alquilando cerca una alcoba para Dick.
Me pareció un deber decir algo sobre las molestias que tendría que soportar mi tía viviendo en un estado constante de guerra y emboscadas con mistress Crupp; pero respondió a aquella objeción de una manera perentoria declarando que a la primera señal de hostilidades estaba dispuesta a asustar de tal modo a mistress Crupp, que le iba a durar el temblor hasta el fin de su vida.
-Pensaba, Trot -dijo Agnes, dudando-, que si tuvieras tiempo...
-Tengo mucho tiempo, Agnes; desde las cuatro o las cinco estoy siempre libre, y por la mañana temprano también. De una manera o de otra -dije, dándome cuenta de que me ruborizaba al recordar las horas que había paseado de un lado para otro por la ciudad y en la carretera de Norwood-, tengo más tiempo del que me hace falta.
-Pienso que si no te gustaría -dijo Agnes acercándose a mí y hablándome en voz baja y con un acento tan dulce y tan consolador que todavía me parece oírla-, si no te gustaría un empleo de secretario.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|