Entre el Perú y Chile: la cuestión de Tacna y Arica (Enrique Castro y Oyanguren) - pág.63
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por el gobierno, resulta absolutamente verídica:
«Al pisar el territorio libre de nuestra patria, queremos que nuestra
primera palabra sea de saludo para el Presidente de la República, y de
acusación, ante los pueblos [83] de América, por los ultrajes que se nos
han inferido.
»Sabe usted que Chile, no habiendo podido, durante más de 34 años por
medios lícitos y honrados, cambiar el sentimiento de los peruanos de Tacna
y Arica, ni arraigar una población chilena capaz de darle el triunfo, al
mismo tiempo que rehuía el plebiscito, ha hostilizado, por todos los
medios imaginables, a los peruanos de esos territorios.
»Esa hostilidad, sorda unas veces, violenta otras, pero siempre
constante, se ha manifestado por el continuo éxodo de tacneños y
ariqueños, que no pudiendo ganar el pan en el lugar en que nacieron, han
tenido que ir a buscarlo a lejanas tierras. Se cuenta por miles, los que
empujados por esa presión, viven en Tarapaca, Antofagasta, Buenos Aires,
La Paz, Arequipa y Lima.
»Esa hostilidad es la que cerró las escuelas dirigidas por peruanos,
en 1909; la que clausuró los templos y arrojó a los curas en 1910; la que
asaltó, y destruyó el Club de la Unión en 1911; la que destrozó las
imprentas «La Voz del Sur», «El Tacora» y «El Morro de Arica» en el mismo
año; la que, por mano del general Vicente del Solar, sembró pánico en
Tacna y Arica, obligando a salir, por medios indirectos, a lo mejor de la
sociedad peruana.
»Pero esas hostilidades, con ser todo lo violentas y arbitrarias que
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