Entre el Perú y Chile: la cuestión de Tacna y Arica (Enrique Castro y Oyanguren) - pág.42
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de igualdad. Y a la eterna cantilena de que no son imputables [57] a Chile
las causas que han retardado la celebración del plebiscito contestó, el
Sr. Porras «que ha de parecer extraño que sea el Perú el causante
voluntario de que poblaciones peruanas permanezcan indefinidamente bajo el
dominio de Chile» (22-I-1909).
El homenaje quedó frustrado; el Perú no quiso prestarse a aceptar la
cruel ironía de un obsequio que no tenía avalorado por la sinceridad. La
actitud del gobierno se impuso al respeto de la opinión por su
incontrastable firmeza. Y si alguna duda pudo abrigarse respecto de su
oportunidad, los sucesos posteriores lo han justificado plenamente.
Nosotros opinamos hoy, como hace diez años. La misma pluma que estampa
estos renglones comentaba así en El Diario el incidente de la corona: «El
Sr. Porras se ha encargado de exhibir en plena desnudez esa contradicción
monstruosa las almibaradas de un convencionalismo imprudente, y los actos,
cada vez más enérgicos y persuasivos, de las autoridades chilenas... La
nota de nuestra cancillería tiene la contundencia y rigidez de la verdad,
que no admite duplicidades ni contradicciones. Es de una fuerza lógica
insuperable, porque a las falacias y a las promesas verbalistas de Chile,
opone la recia contextura de los hechos, de la acción, solapada unas
veces, ostensible otras, que viene a desmoronar el fingido alcázar de la
confraternidad chilena». [58]
La última ruptura
Fácil es suponer que esta atmósfera, envenenada por mutuos desvíos y
recriminaciones, no era la más a propósito para seguir negociando. Las
negociaciones de cancillería terminaron virtualmente en 1908, cuando el
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