David Copperfield (Charles Dickens) - pág.381
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-¡Agnes! -exclamé con alegría-. ¡Oh mi querida Agnes, qué alegría verte a ti mejor que a ninguna otra criatura humana!
-¿De verdad? -dijo en tono cordial.
-¡Tengo tanta necesidad de hablar contigo! -le dije-. El corazón se me tranquiliza sólo con mirarte. Si hubiera tenido una varita mágica, tú eres la persona que hubiera deseado ver.
-Vamos -dijo Agnes.
-¡Ah! Dora quizá primero -confesé enrojeciendo.
-Ya lo creo que Dora primero -dijo Agnes riendo.
-Pero tú la segunda -le dije-. ¿Dónde ibas?
Iba a mi casa para ver a mi tía, y se alegró mucho de salir del coche, que olía a cuadra; demasiada cuenta me di, pues había metido la cabeza por la portezuela todo el tiempo mientras charlaba. Despedimos al cochero, se agarró de mi brazo y echamos a andar juntos. Ella era la personificación de la Esperanza; ya no me sentía el mismo con Agnes a mi lado.
Mi tía le había escrito una de esas extrañas y cómicas cartitas que no eran mucho más grandes que un billete de banco. Rara vez llevaba más lejos su verbo epistolar. Era para anunciarle que había tenido pérdidas a consecuencia de las cuales dejaba definitivamente Dover; pero que ya había tomado una decisión y que estaba demasiado bien para que nadie se preocupara por ella, y Agnes había venido a Londres para ver a mi tía, que la quería y a quien quería mucho desde hacía años, es decir, desde el momento en que yo me establecí en casa de míster Wickfield. No estaba sola, según me dijo. Había venido con su padre y con Uriah Heep.
-¿Son ya asociados? -pregunté-. ¡Que el Cielo le confunda!
-Sí -dijo Agnes-; tenían algunos negocios aquí, y he aprovechado la ocasión para venir yo también a Londres. No hay que creer que sea por mi parte una visita completamente desinteresada y amistosa, Trotwood, pues... temo tener prejuicios injustos...; pero no me gusta dejar a papá solo con él.
-¿Sigue ejerciendo la misma influencia sobre míster Wickfield, Agnes?
Agnes movió tristemente la cabeza.
-Ha cambiado todo tanto en nuestra casa, que ya no reconocerías nuestra querida y vieja morada. Ahora viven con nosotros.
-¿Quién? -pregunté.
-Uriah y su madre. Él ocupa tu antigua habitación -dijo Agnes mirándome a la cara.
-¡Lástima no estar encargado de proporcionarle los sueños! ¡No seguiría durmiendo allí mucho tiempo!
-Yo continúo en mi antigua habitacioncita -dijo Agnes-;aquella en que aprendía mis lecciones. ¡Cómo pasa el tiempo! ¿Te acuerdas? La habitación pequeña que daba al salón.
-¿Que si me acuerdo, Agnes? Es en la que te vi por primera vez; estabas de pie en aquella puerta, con la cestita de las llaves colgada.
-Precisamente -dijo Agnes sonriendo-. Me gusta que lo recuerdes tan bien. ¡Qué felices éramos entonces! Sí; he conservado aquella habitación para mí; pero no siempre puedo librarme de mistress Heep, ¿sabes?, pues a veces tengo que hacerle compañía, cuando me gustaría más estar sola. Pero es la única queja que tengo contra ella. Algunas veces me cansa con tanto elogiar a su hijo.
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