Entre el Perú y Chile: la cuestión de Tacna y Arica (Enrique Castro y Oyanguren) - pág.27
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La solemnidad
[36] del momento (la pronunció Candamo en su discurso de contestación,
como Presidente del Congreso, al Mensaje del Ejecutivo), la importancia
política del sujeto y la rectitud y prudencia de su espíritu, ponían en
todo su relieve lo que ocultaban esas al parecer sencillas palabras.
Porque hubo entonces algunos ingenuos que dieron en suponer una radical
transformación en los hombres públicos de Chile, que al cabo, movidos por
sabe Dios qué misteriosas influencias, habían encontrado su camino de
Damasco. Pero la verdad fue la que descubrió certeramente el jefe del
Partido Civil. Variaron las circunstancias, y Chile cambió de táctica. El
protocolo quedó empolvándose en los archivos de la Cámara de Diputados, y
a los requerimientos del Perú contestaba la diplomacia de Santiago con
dilaciones, esperas y evasivas. Mas si era corta y perezosa para cumplir
sus compromisos con el Perú, no lo fue tanto para acariciar y desenvolver
una nueva fase en la evolución de este pleito. Aquí comienza la llamada
política de chilenización de Tacna y Arica. Chile, que en cerca de veinte
años no había intentado captarse el cariño y la benevolencia de sus
pobladores, adopta de súbito una violenta actitud. Violando sus propias
leyes, que facultan y garantizan la libertad de enseñanza, decretó el
cierre de las escuelas peruanas. Los niños tacneños estaban condenados a
sufrir el más vil ultraje que puede inferirse ala conciencia de un hombre:
[37] la falsificación de su propia historia, la deformación del carácter
nacional. Chile pretendió desarraigar del alma de la juventud tacneña el
sentimiento peruano, y para ello apeló a esa violencia inaudita,
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