Entre el Perú y Chile: la cuestión de Tacna y Arica (Enrique Castro y Oyanguren) - pág.22
Indice General
|
Volver
Página 22 de 77
surgir un motivo de hondo recelo de notoria desavenencia: la ambición de
Tacna y Arica. Veamos cómo. Chile explotó con refinado maquiavelismo la
natural aspiración boliviana de poseer una salida al mar. Pero en vez de
devolverle la élite le había arrebatado, que era la única solución justa y
natural, la empujó a que disputara al Perú lo que nos pertenecía de
derecho. Mas en esta ocasión no se trataba de sugestiones deslizadas al
oído, sino de un serio y protocolizado compromiso internacional. Para
separar a sus víctimas, para oponer entre ellas una barrera de
aspiraciones encontradas y de resentimientos y temores, Chile no vaciló en
suscribir un tratado, que forma parte integrante del de paz, en virtud del
cual «quedó obligado a emplear todo recurso legal, dentro del pacto de
Ancón o por negociación directa, para adquirir el puerto y territorios de
Tacna y Arica, con el propósito ineludible de entregarlos a Bolivia en la
extensión que determina el pacto de transferencia».
Por supuesto, Chile, una vez conseguido lo que buscaba, no se
preocupó de cumplir su compromiso: ni siquiera aprobó los pactos de
transferencia. Discípulos y admiradores los chilenos de los políticos
germanos, para quienes los tratados más solemnes no son sino «un pedazo de
papel», los que suscribió Chile con Bolivia no fueron sino [31] un juguete
para engañar a los incautos. Se cumplía, pues, lo que opinaba don Miguel
Aldunate, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile: «fue política
popular en un país desde los comienzos de la guerra, y por lo tanto,
política bulliciosa, diplomacia voces, la de inducir a Bolivia a romper la
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-77
|