Entre el Perú y Chile: la cuestión de Tacna y Arica (Enrique Castro y Oyanguren) - pág.15
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usufructuada por Chile. Queda, pues, bien establecido que el Perú entró en
la guerra, cuando más empeño ponía en evitarla, no sólo porque pugnaba con
sus tradiciones de sincero americanismo, sitio porque ni la necesitaba ni
la quería. Bien hallado en la paz, en amistoso concierto con las demás
naciones, con graves problemas financieros a que atender, el Perú hizo
todo lo que humanamente le fue posible para, sin mengua de su decoro,
ahorrar al mundo el bárbaro espectáculo de una guerra fratricida. La
responsabilidad de esta catástrofe no le incumbe, aunque sí le han
alcanzado, por desgracia, sus más dolorosas consecuencias.
¿Qué importaba para el Perú el sacrificio que nos impuso Chile con el
pacto de Ancón? Lo diremos en muy breves palabras. Tarapacá, asiento de
los riquísimos [22] depósitos salitrales que hoy constituyen la principal
y más saneada fuente de los recursos chilenos, es una extensión
territorial que mide un área de 16,789 y ½ millas cuadradas.
D. Alejandro Garland, un distinguido publicista peruano muy conocedor
de esta materia, hizo en cierta ocasión cálculos minuciosos basados en la
más estricta observación y en el estudio de los presupuestos y de las
finanzas chilenas, en virtud de los cuales llegó a la conclusión de que la
entrega de Tarapaca representa la contribución de más formidable y
cuantiosa que registra la historia; pues, calculando los ingresos fiscales
que ha obtenido Chile y los que seguirá teniendo por esa riqueza, que no
fue nunca suya, lo mismo que el rendimiento de las aduanas durante la
ocupación y los impuestos y exacciones militares de aquella época, se
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