El dilema de Hamlet (Jose Carlos Canalda) - pág.37
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mortal que les puede llegar a atrapar sin posibilidad alguna de escapatoria, tal
como le ocurrió al pobre Hamlet-1.
- Una interesante sutileza... - interrumpió Lanning - Que puede llegar a ser
peligrosa.
- ¿Por qué? Al fin y al cabo, es lo que hacemos continuamente los humanos. Los
grandes principios filosóficos que afirman que todos somos iguales y todos
tenemos los mismos derechos y obligaciones, serán correctos y adecuados desde el
punto de vista político, pero chocan continuamente con la realidad cotidiana.
No, no me he vuelto fascista de repente, ni lo he llegado a ser nunca;
simplemente estoy hablando de las simpatías y las antipatías personales que son
las responsables de nuestras relaciones sociales. Desde el momento que elegimos
a nuestros amigos, ¿no estamos discriminando a quienes no lo son? Si un
compañero de trabajo, o un vecino, nos cae especialmente mal y rehuimos su
compañía, ¿acaso no es discriminación? Si el señor Jiménez, - dijo refiriéndose
a éste, que hasta entonces había permanecido en silencio - tuviera a dos
muchachas interesadas en mantener relaciones con él y eligiera a una de ellas
por compañera, ¿no estaría discriminando a la segunda?
El ingeniero, que permanecía soltero a pesar de haber alcanzado ya la
cuarentena, enrojeció visiblemente. No obstante, y a pesar de su notoria
turbación, fue capaz de responder a la comprometida pregunta pensando para sí
que con una sola se hubiera dado por más que satisfecho.
- Doctora, creo que aquí está usted equivocada. A cualquiera que le plantee esta
pregunta le contestará que no se trata de ninguna discriminación, ya que no se
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