El dilema de Hamlet (Jose Carlos Canalda) - pág.35
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en defensa propia; la Tercera Ley, aun en el caso de estos robots, sigue estando
estrechamente subordinada a la Primera".
Esta conclusión cerraba definitivamente una de las principales vías que había
seguido su razonamiento, pero no necesariamente iba a abrir una nueva. Si la
Primera Ley continuaba siendo omnímoda sobre las dos restantes, si en ningún
caso el robot podía violarla merced a un reforzamiento de las otras, ¿cómo se
explicaba entonces que un robot hubiera podido matar a una persona?
De repente se le ocurrió una idea. Era arriesgada, muy arriesgada, y suponía
jugárselo todo a una carta; pero sólo así conseguiría salir, si tenía suerte,
del atolladero en el que se encontraba atrapada. Armándose de valor formuló al
fin la pregunta, directa y concisa, que le permitiría resolver el problema o
que, por el contrario, la llevaría al fracaso definitivo.
- Hamlet, respóndeme a esto. Bajo alguna circunstancia, fuera ésta la que fuera,
¿serías capaz de matar a una persona?
La respuesta del robot llegó tras varios minutos de reflexión, los cuales le
habrían de parecer siglos a ella. Ésta no podía ser más escueta:
- SÍ.
- Explícamelo con detenimiento. - concluyó la robopsicólogo jefe, descubriendo
con alivio que había triunfado.
VI
- Bien, cuéntenos. - Alfred Lanning mostraba bien a las claras su inquietud-
Estoy impaciente por conocer los resultados de su investigación. ¿Qué ha
descubierto?
- Lo que ya suponíamos desde el principio. - respondió Susan Calvin sin mostrar
demasiado interés en mostrar todavía sus cartas - Hamlet-1 no violó la Primera
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