El dilema de Hamlet (Jose Carlos Canalda) - pág.22
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matado. El impacto de la situación hizo que las brumas que velaban nuestras
mentes desaparecieran como por ensalmo. Yo quería que nos entregáramos a la
policía, pero Schwartz no estuvo de acuerdo y, una vez más, accedí dócilmente a
sus deseos. Incendiamos el coche y lo despeñamos por el vecino barranco en un
intento de destruir posibles pruebas, y a continuación seguimos a pie hasta
nuestro destino.
»Habíamos tenido suerte. Nadie nos vio ni coger el coche ni tampoco atropellar
al policía ya que la carretera estaba completamente desierta, y nuestros amigos
estaban tan borrachos que no recordaban cuando nos fuimos ni como lo habíamos
hecho. Hubo una investigación policial, por supuesto, pero la falta de pruebas
hizo que el caso fuera finalmente archivado sin que se inculpara a nadie,
atribuyendo la policía el atropello a alguno de los numerosos delincuentes de
poco monta que pululaban por esos parajes.
»Tan sólo Schwartz y yo sabíamos lo ocurrido, pero hicimos un pacto de silencio:
Ninguno de los dos podría denunciar al contrario sin incriminarse a sí mismo,
por lo que ambos lo respetamos por la cuenta que nos traía.
- Empiezo a comprender. - le interrumpió Susan Calvin - Continúe.
- Terminados los estudios, nuestras vidas se separaron. Yo ingresé en U.S.
Robots mientras Schwartz, víctima de su mal carácter y de su escaso sentido de
la responsabilidad, iba dando tumbos de un lado para otro sin parar el
suficiente tiempo en ninguno. Sospecho, incluso, que debió de frecuentar
compañías poco recomendables, pero carezco de pruebas que puedan demostrar esto
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