El dilema de Hamlet (Jose Carlos Canalda) - pág.17
Indice General
|
Volver
Página 17 de 51
Susan Calvin se sentía incapaz de desenmarañarlo; ella era robopsicólogo pero no
psicólogo y mucho menos detective; aún más, su misantropía innata, la misma que
le había impelido a volcarse en el mundo de los robots como medio de evadirse de
la para ella hostil sociedad humana, le provocaba una invencible repulsión hacia
el problema que virtualmente le dejaba sin posibilidades de reacción frente al
mismo.
Por otro lado, su irritación corría pareja con su tendencia a la inhibición, ya
que para ella suponía un enorme mazazo que el desarrollo de una mente robótica
tan revolucionaria como la del proyecto Hamlet se viera truncado por la aparente
disfunción de su primer y hasta entonces único prototipo... No, Susan Calvin no
podía permitir que tan magnífica idea se fuera al garete por culpa de unos
estúpidos burócratas imbuidos por un ridículo complejo de Frankenstein; no lo
permitiría, y estaba dispuesta a luchar con todas sus fuerzas por impedirlo.
Pero, ¿cómo hacerlo?
Algo en su interior le decía que la clave de todo estaba en la figura del
fallecido Schwartz. Aunque su relación con él había sido muy superficial, Susan
Calvin no ignoraba que este ingeniero no había sido precisamente popular entre
sus compañeros, por decirlo de una manera suave. En realidad Schwartz,
incorporado tardíamente al equipo y sin una misión definida, se había limitado a
brujulear de un lado a otro entorpeciendo a todos e irritando a la mayoría. Por
si fuera poco su carácter arisco tampoco había ayudado demasiado a su
convivencia con el resto del grupo; y si decir que era odiado quizá resultara
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-51
|