El dilema de Hamlet (Jose Carlos Canalda) - pág.7
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fijo aunque estuviera modificado. Yo, por el contrario, propongo que se les
aplique un potencial de rango variable que permita a los robots elegir entre dos
decisiones distintas de forma similar a como lo haría un humano, optando por
aquélla que consideraran la mejor o, en su caso, la menos perniciosa, sin
condicionantes de ningún tipo y sin sufrir el menor daño físico en su cerebro.
A Lanning, en principio, no le pareció mala la idea y, probablemente, hubiera
dado su aprobación de no mediar un importante inconveniente: El recelo con que
la población del planeta miraba a los robots, recelo que se transmitía
automáticamente a las autoridades de las que dependían. El resultado de todo
ello era una normativa legal sumamente restrictiva que controlaba estrechamente
la actividad de U.S. Robots velando por que no se vulnerara ninguno de los
mecanismos de control impuestos por la humanidad a unos seres, los robots, por
los cuales sentía un profundo recelo cuando no una no disimulada hostilidad.
Por ello, y por su propia supervivencia incluso, la todopoderosa U.S. Robots se
veía obligada a practicar una política totalmente conservadora en lo que a
investigación y desarrollo de sus nuevos robots se refería. Bastantes problemas
tenía ya con los pegajosos supervisores gubernamentales como para buscarse más;
porque si una mínima modificación del potencial de la Primera Ley precisaba un
peregrinaje por incontables despachos oficiales, ¿qué iban a pensar esos
burócratas timoratos de un robot que pudiera discernir libremente acerca de la
magnitud del daño a causar? Opinarían, sin duda alguna, que se trataba de algo
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