El dilema de Hamlet (Jose Carlos Canalda) - pág.4
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Y ahora, si me lo
permiten, me retiraré para organizarlo todo.
II
El proyecto Hamlet, del cual había sido promotor el joven Jiménez, era uno de
los más ambiciosos que jamás hubiera desarrollado U.S. Robots. Tras vencer una
gran cantidad de reticencias y suspicacias a todos los niveles, no todas ellas
ajenas al origen hispánico de su apellido, Jiménez pudo empezar a cantar
victoria el día en que Susan Calvin, la respetada robopsicólogo jefe, se
contagió de su entusiasmo. Desde el punto de vista teórico el interés estaba más
que justificado, ya que la modulación del potencial de las Tres Leyes postulada
por el ingeniero permitiría obtener unos cerebros positrónicos más flexibles,
más humanos en definitiva.
- Fijémonos en las limitaciones que supone la imposición de las Tres Leyes a los
cerebros positrónicos. - acostumbraba a decir para defender sus planteamientos -
Se trata de unas órdenes rígidas y absolutas que el robot se ve obligado a
obedecer en cualquier momento y bajo cualquier situación. No hay excepción
alguna y el robot lo sabe, lo cual puede conducir en algunos casos a situaciones
aberrantes en las que el robot se verá forzado a actuar de una forma que
cualquier humano tacharía de incorrecta, pero que él tiene que seguir por culpa
de la imposición de las Tres Leyes. Estas situaciones antinaturales suelen
producir, además del perjuicio directo provocado por una incorrecta actuación
del robot, daños que a menudo son irreparables en su delicado cerebro
positrónico. Cuántos millones se pierden al cabo del año por culpa de esta
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