David Copperfield (Charles Dickens) - pág.372
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-Pues bien; mistress Crupp es de ellos -dijo mi tía-. Barkis: ¿quiere usted hacer el favor de cuidarse del té y de darme otra taza? No quería tomarla de manos de esa intrigante.
Conocía lo bastante a mi tía para saber que tenía algo importante que decirme y que su llegada tenía más importancia de lo que un extraño hubiera podido suponer. Observé que sus miradas estaban constantemente fijas en mí cuando se creía que yo no la veía, y que estaba en un estado de indecisión y de inquietud interior mal disimulado por la calma y la rectitud que conservaba exteriormente. Empezaba a temer haber hecho algo que pudiera ofenderla, y mi conciencia me dijo bajito que todavía no le había hablado de Dora. ¿No sería aquello por casualidad?
Como sabía que no hablaría hasta que le diera la gana, me senté a su lado y me puse a hablar con los pájaros y a jugar con el gato, como si estuviera muy tranquilo; pero no lo estaba nada, y mi inquietud aumentó al ver que míster Dick, apoyado en su gran cometa detrás de mi tía, aprovechaba todas las ocasiones en que no nos observaban para hacerme señas misteriosas, señalándome a mi tía.
-Trot -me dijo por fin cuando terminó su té y después de haberse enjugado los labios y arreglado cuidadosamente los pliegues de la falda-... ¡No necesita usted marcharse, Barkis! Trot, ¿tienes ya más confianza en ti mismo?
-Creo que sí, tía.
-Pero, ¿estás bien seguro?
- Creo que sí, tía.
-Entonces, hijo mío -me dijo mirándome fijamente-,¿sabes por qué tengo tanto interés en estar sentada encima de mi equipaje?
Sacudí la cabeza, como hombre que echa su lengua a los perros.
-Porque es todo lo que me queda; porque estoy arruinada, hijo mío.
Si la casa hubiera caído al río con todos nosotros dentro creo que el golpe no hubiera sido más violento para mí.
-Dick lo sabe -dijo tranquilamente mi tía poniéndome una mano en el hombro-; estoy arruinada, mi querido Trot. Todo lo que me queda en el mundo está aquí, excepto la casita, que he dejado a Janet el cuidado de alquilar. Barkis, hay que buscar a este caballero un sitio donde pasar la noche. Con objeto de evitar el gasto, quizá podríamos arreglar aquí algo para mí, no importa cómo. Es para esta noche solamente; ya hablaremos de ello más despacio.
Me sacó de mi sorpresa y de la pena que sentía por ella .... por ella, estoy seguro, el verla caer en mis brazos, exclamando que sólo lo sentía por mí; pero un minuto le bastó para dominar su emoción, y me dijo, con más aire de triunfo que de abatimiento.
-Hay que soportar con valor las contrariedades, sin dejarnos asustar, hijo mío; hay que sostener el papel hasta el fin. Hay que desafiar a la desgracia hasta el fin, Trot.
CAPÍTULO XV
DEPRESIÓN
Cuando recobré mi presencia de ánimo, que en el primer momento me había abandonado por completo bajo el golpe de la noticia de mi tía, propuse a míster Dick que viniera a la tienda de velas a tomar posesión de la cama que míster Peggotty había dejado vacía hacía poco.
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