David Copperfield (Charles Dickens) - pág.368
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Aquel estado de sitio me resultaba un poco cansado; pero tenía demasiado miedo a mistress Crupp para decidirme a salir de él.
-¡Mi querido Copperfield-exclamó Traddles apareciendo puntualmente a pesar de todos aquellos obstáculos-, ¿cómo estás?
-¡Mi querido Traddles! -le dije- Estoy encantado de verte por fin, y siento no haber estado en casa las otras veces; pero he tenido tanto que hacer...
-Sí, sí -dijo Traddles-; es natural. ¿La « tuya» vive en Londres supongo?
-¿De quién hablas?
-De ella, dispénsame; de miss D..., ya sabes -dijo Traddles enrojeciendo por un exceso de delicadeza- Vive en Londres, ¿no es así?
-¡Oh, sí; cerca de Londres!
-La mía... quizá recuerdas -dijo Traddles en tono grave- que vive en Devonshire... Son diez hijos... Así es que yo no estoy tan ocupado como tú en ese asunto.
-Me pregunto -le dije- cómo puedes soportar el verla tan de tarde en tarde.
-¡Ah! -dijo Traddles pensativo- Yo también me lo pregunto. Supongo, Copperfield, que es porque no tengo más remedio.
-Ya comprendo que esa debe de ser la razón -repliqué sonriendo y ruborizándome un poco-; pero también es que tienes mucho valor y paciencia, Traddles.
-¿Tú lo crees? -dijo Traddles reflexionando- ¿Esa sensación te transmito, Copperfield? No lo creía. Pero es tan buena chica, que es muy posible que me haya transmitido alguna de las cualidades que posee. Ahora que me lo haces observar, Copperfield, no me extrañaría nada. Te aseguro que se pasa la vida olvidándose de sí misma para pensar en los otros nueve.
-¿Es la mayor? -pregunté.
-¡Oh, no! -dijo Traddles-. La mayor es una belleza.
Supongo que se dio cuenta de que no pude por menos de sonreír de la tontería de su respuesta, y puso su expresión ingenua y sonriente.
-Claro está que eso no quiere decir que mi Sofía... Es bonito nombre, ¿verdad, Copperfield?
-Muy bonito -dije.
-Pues no quiere decir que mi Sofía no sea también encantadora a mis ojos, y que no le haga a todo el mundo el mejor efecto; pero cuando digo que la mayor es una belleza quiero decir, verdaderamente... (hizo el gesto de reunir pubes alrededor de sí con las dos manos) magnífica; te lo aseguro -dijo Traddles con energía.
-¿De verdad? -dije.
-¡Oh!, te lo aseguro -dijo Traddles-; una cosa verdaderamente extraordinaria. Y, como es natural, está hecha para brillar en el mundo y que la admiren, aunque no tiene ocasión a causa de su poca fortuna. Por eso a veces es un poco irritable, un poco exigente. Felizmente, Sofía la pone de buen humor.
-¿Sofía es la más pequeña? -pregunté.
-¡Oh, no! -dijo Traddles acariciándose la barbilla-. Las dos más pequeñas tienen nueve y diez años. Sofía las educa.
-¿Es la segunda por casualidad? -me atreví a preguntar.
-No -dijo Traddles-; Sarah es la segunda; Sarah tiene algo en la espina dorsal; ¡pobrecilla! Los médicos dicen que se curará; pero entre tanto tiene que estar siempre acostada boca arriba. Sofía la cuida. Sofía es la cuarta.
-Y la madre ¿vive? -pregunté.
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