Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > David Copperfield (Charles Dickens)

David Copperfield (Charles Dickens) - pág.360

Indice General | Volver

Página 360 de 653


-Se alegrará usted mucho de saber, míster Copperfield -dijo Dora-, que la fastidiosa miss Murdstone no está aquí. Ha ido a la boda de su hermano, y se quedará allí por lo menos tres semanas. ¿No es un encanto?
Le dije que, en efecto, debía de estar encantada, y que todo lo que le encantaba a ella me encantaba a mí. Miss Mills nos escuchaba sonriendo con una superioridad de benevolencia y simpatía.
-Es la persona más desagradable que conozco -dijo Dora-: no puedes figurarte qué gruñona es y qué mal genio tiene.
-¡Oh!, ya lo creo que puedo, querida mía -dijo Julia.
-Es verdad. «Tú» puede que sí -respondió Dora cogiendo la mano de Julia entre las suyas-. Perdóname no haberte exceptuado enseguida.
De aquello deduje que miss Mills había sufrido las vicisitudes de la vida y que era a eso a lo que podía atribuirse sus maneras llenas de gravedad benigna, que ya me habían chocado. En el transcurso del día supe que no me había equivocado; mis Mills había tenido la desgracia de enamorarse mal, y se decía que se había retirado del mundo después de aquella terrible experiencia de las cosas humanas; pero que se tomaba siempre cierto interés por las esperanzas y afectos de los jóvenes que no habían tenido todavía desengaños.
En esto míster Spenlow salió de la casa, y Dora se adelantó a él diciendo:
-¡Mira, papá, qué flores tan hermosas!
Y miss Mills sonrió con aire pensativo, como diciendo:
-¡Pobres flores de un día, gozad de vuestra existencia pasajera bajo el sol brillante de la mañana de la vida!
Y todos abandonamos el césped para subir al coche, que ya estaba enganchado.
Nunca volveré a hacer una excursión semejante; nunca la he hecho después. Iban los tres en el faetón. Su cesta de provisiones, la mía y la caja de la guitarra también iban. El faetón era descubierto, y yo seguía el coche; Dora iba en la parte de delante, frente a mí. Llevaba mi ramo a su lado, encima del asiento, y no permitía a Jip que se subiera allí por miedo de que aplastara mis flores. De cuando en cuando las cogía para respirar su perfume; entonces nuestros ojos se encontraban, y yo me pregunto cómo no salté por encima de la cabeza de mi bonito caballo gris para caer en el coche.
Había polvo; creo que hasta mucho polvo. Tengo el vago recuerdo de que míster Spenlow me aconsejó que no caracoleara en el torbellino de polvo que dejaba el faetón; pero yo no me daba cuenta. Yo no veía más que a Dora a través de una nube de amor y de belleza; no podía ver otra cosa. Mister Spenlow se levantaba algunas veces y me preguntaba qué me parecía el paisaje. Yo le respondía que era un sitio encantador, y es probable que lo fuera; pero yo sólo veía a Dora. El sol llevaba a Dora en sus rayos; los pájaros gorjeaban sus alabanzas. El viento del mediodía soplaba el nombre de Dora.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-500   501-550   551-600   601-650   651-653  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados