David Copperfield (Charles Dickens) - pág.356
Indice General
|
Volver
Página 356 de 653
Las querellas de familia son muy de sentir, pero son muy corrientes, y el caso es estar del lado bueno.
Con aquello quería decir, supongo, del lado del dinero.
-Según creo, hace un matrimonio bastante conveniente -dijo míster Spenlow.
Le dije que no sabía nada.
-¿De verdad? -dijo- Pues por algunas palabras que míster Murdstone ha dejado escapar, como ocurre siempre en casos semejantes, y por lo que miss Murdstone me ha dado a entender, me parece que se trata de un matrimonio bastante conveniente para él.
-¿Quiere usted decir que ella tiene dinero? -pregunté.
-Sí -dijo míster Spenlow-; parece ser que dinero, y también belleza; al menos eso dicen.
-¿De verdad? ¿Y es joven su nueva mujer?
-Acaba de cumplir su mayoría de edad -dijo míster Spenlow-, y hace tan poco tiempo, que yo creo que no esperaban más que a eso.
-¡Dios tenga compasión de ella! -exclamó Peggotty tan bruscamente y en un tono tan inesperado, que nos quedamos un poco desconcertados hasta el momento en que Tifey llegó con la cuenta.
Apareció pronto y tendió el papel a míster Spenlow para que lo verificase. Míster Spenlow metió la barbilla en la corbata, y después, frotándosela dulcemente, releyó todos los artículos de un cabo al otro, como hombre que quería rebajar algo; pero, ¡qué quiere usted!, era culpa del diablo de míster Jorkins; después volvió a dar el papel a Tifey con un suspiro.
-Sí -dijo-, está en regla, perfectamente en regla. Hubiera deseado reducir los gastos estrictamente a nuestros desembolsos; pero ya sabe usted que es una de las contrariedades penosas de mi vida de negocios el no tener la libertad de obrar según mis propios deseos. Tengo un asociado, míster Jorkins.
Como al hablar así lo hacía con tan dulce melancolía, que casi equivalía a haber hecho nuestros negocios gratis, le di las gracias en nombre de Peggotty y entregué el dinero a Tifey. Peggotty volvió a su casa y míster Spenlow y yo nos dirigimos al Tribunal, donde se presentaba una causa de divorcio en nombre de una pequeña ley muy ingeniosa, que creo se ha abolido después, pero gracias a la cual he visto anular muchos matrimonios.
Era esta. El marido, cuyo nombre era Thomas Benjamin, había sacado la autorización para la publicación de las amonestaciones bajo el nombre de Thomas únicamente, suprimiendo el Benjamin por si acaso no encontraba la situación todo lo agradable que esperaba. Ahora bien: no encontrando la situación muy agradable, o quizá un poco cansado de su mujer, el pobre hombre se presentó ante el Tribunal, por mediación de un amigo, después de un año o dos de matrimonio, y declaró que su nombre era Thomas Benjamin y que, por lo tanto, él no se había casado nunca, lo que el Tribunal confirmó, para su gran satisfacción.
Debo decir que tenía algunas dudas sobre la justicia absoluta de aquel procedimiento, que no justificaba el «árido de trigo» que tapaba todas las anomalías.
Pero míster Spenlow discutió la cuestión conmigo
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|