David Copperfield (Charles Dickens) - pág.337
Indice General
|
Volver
Página 337 de 653
-Voy a buscar a mi sobrina, voy a buscar a mi Emily. Y antes voy a hundir el barco ese donde he debido ahogarle; sí, tan verdad como estoy vivo que lo habría hecho si hubiera podido sospechar lo que meditaba. Cuando estaba sentado frente a mí -dijo como un loco, extendiendo el puño cerrado-; cuando estaba sentado frente a mí, que me parta un rayo si no le hubiera ahogado y si no hubiera estado convencido de que obraba bien. ¡Voy a buscar a mi sobrina!
-¿Dónde? -exclamó Ham poniéndose delante de la puerta.
-¿Qué importa dónde? Voy a buscar a mi sobrina por el mundo. Voy a buscar a mi pobre niña en su vergüenza y a traerla conmigo. Que no me detengan. ¡Digo que voy a buscar a mi sobrina!
-No, no -exclamo mistress Gudmige, que vino a interponerse entre ellos en un acceso de dolor-; no, no, Daniel. En el estado en que estás, no. Irás a buscarla pronto, mi pobre Dan, es muy justo; pero ahora no. Siéntate y perdóname el haberte atormentado tanto, Dan... (¿qué son mis penas al lado de esta?) y hablemos de los tiempos en que ella se quedó huérfana y Ham huérfano; cuando yo era una pobre viuda y tú me habías recogido. Esto calmará tu pobre corazón, Daniel -dijo apoyando su cabeza en el hombro de míster Peggotty-, y soportarás mejor tu dolor, pues ya conoces la promesa, Daniel: «Lo que hayas hecho por el menor de tus hermanos será como si me lo hubieras hecho a mí mismo», y esto no podrá por menos que cumplirse bajo este techo que nos ha servido de abrigo durante tantos años, ¡tantos años!
Parecía que se había vuelto insensible, y cuando le oí llorar, en lugar de ponerme de rodillas, como tenía ganas de hacer para pedirles perdón por el dolor que les había causado y para maldecir a Steerforth, hice más: di a mi corazón oprimido el mismo desahogo, y lloré con ellos.
CAPÍTULO XII
EL PRINCIPIO DE UN LARGO VIAJE
Supongo que lo que es natural en mí es natural en todo el mundo, y por eso no temo decir que nunca he querido más a Steerforth que en el momento en que los lazos que nos unían se habían roto. En la amarga angustia que me causaba el descubrimiento de su crimen recordaba más claramente que nunca sus brillantes cualidades; apreciaba más vivamente todo lo que había bueno en él; hacía más completa justicia a todas las facultades que hubieran podido hacer de él un hombre de una naturaleza noble y excepcional; lo veía todo más claro que en la época más ardiente de mi abnegación pasada; me resultaba imposible no sentir profundamente la parte involuntaria que había tenido en la mancha que caía sobre aquella familia honrada, y, sin embargo, creo que si me hubiera encontrado frente a frente con él no habría tenido fuerzas para dirigirle ni un solo reproche. Le hubiese amado tanto todavía, aunque mis ojos estuvieran abiertos; hubiese conservado un recuerdo tan tierno de mi afecto por él, que me temo habría sido débil como un niño que no sabe más que llorar y olvidar; pero claro que no se me ocurrió pensar en una reconciliación entre nosotros.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
301
302
303
304
305
306
307
308
309
310
311
312
313
314
315
316
317
318
319
320
321
322
323
324
325
326
327
328
329
330
331
332
333
334
335
336
337
338
339
340
341
342
343
344
345
346
347
348
349
350
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|