David Copperfield (Charles Dickens) - pág.300
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Murió poco después de salir yo del colegio.
-¿De verdad?
-Sí. Era ¿cómo se dirá? un comerciante de telas retirado, y había hecho de mí su heredero. Pero dejé de gustarle al crecer.
-¿De verdad fue así? -dije.
No podía comprender que hablara con tanta tranquilidad de semejante asunto.
-¡Oh sí, querido Copperfield, ha sido así! -replicó Traddles-. Fue una desgracia; pero no le gusté en absoluto. Dijo que no era yo lo que se había esperado, y se casó con su ama de llaves.
-¿Y tú qué hiciste? -pregunté.
-Yo no hice nada de particular -dijo Traddles-. Seguí viviendo con ellos, esperando poder salir al mundo; pero a mi tío se le subió la gota al estómago y murió. Entonces ella se casó con un joven, y yo me quedé sin posición.
-¿Pero no te dejó nada, Traddles, después de todo?
-¡Oh sí, querido, sí! -dijo Traddles-. Me dejó cincuenta libras. Como nunca me habían dedicado a ninguna profesión, al principio no sabía qué hacer. Sin embargo, empecé, con la ayuda del hijo de un profesional, que había estado en Salem House: Yawler, con su nariz torcida, ¿no le recuerdas?
-No. No debía de estar cuando yo. En mi época todas las narices estaban derechas.
-Lo mismo da -dijo Traddles-. Empecé, por mediación suya, a copiar escrituras legales. Pero esto no me reportaba mucho; entonces empecé a redactar y a hacer toda clase de trabajos para ellos. Trabajo mucho, tanto más porque lo hago deprisa. Bien. Entonces se me metió en la cabeza estudiar yo también leyes, y así desapareció el final de mis cincuenta libras. Yawler me recomendó a uno o dos bufetes, entre ellos el de míster Waterbrook; hice algún negociejo que otro. También he tenido la suerte de conocer a un editor que trabaja en la publicación de una enciclopedia, y me ha dado trabajo. En este momento trabajaba para él, y no soy mal compilador, Copperfield -dijo Traddles continuando en el mismo tono de alegre confidencia-; pero no tengo la menor imaginación, ni un átomo. Yo creo que no se puede encontrar un muchacho con menos originalidad que yo.
Como Traddles parecía esperar que yo asintiera a aquello como cosa sabida, asentí; y él continuó con la misma alegre paciencia (no encuentro mejor expresión) de antes:
-Y así, poco a poco, y viviendo con modestia, por fin he conseguido reunir las cien libras, y gracias a Dios las he pagado, aunque el trabajo haya sido... haya sido verdaderamente... -Traddles hizo de nuevo un gesto como si le arrancaran otra muela...- algo duro. Vivo de todo esto, y espero llegar pronto a escribir en un periódico. Por el momento sería mi bastón de mariscal. Pero, ahora que me fijo, Copperfield, has cambiado tan poco y estoy tan contento de volver a ver tu cara de bueno, que no quiero ocultarte nada. Has de saber que tengo novia. (¡Novia! ¡Oh Dora!)
-Es la hija de un pastor del Devonshire: son diez hermanos. Sí -añadió viéndome lanzar una mirada involuntaria hacia el tintero-; esa es la iglesia: se da la vuelta por aquí y se sale por esta verja (me lo iba señalando con el dedo); y aquí donde pongo la pluma está el presbiterio, frente a la iglesia.
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