David Copperfield (Charles Dickens) - pág.293
Indice General
|
Volver
Página 293 de 653
En cuanto al sombrero de paja con cintas azules que coronaba aquellos bucles, ¡qué tesoro tan inestimable para colgar en mi habitación de Buckinghan-Street, si lo hubiera tenido en mi poder!
-¿Llega usted de París? -le dije.
-Sí -respondió-. ¿Ha estado usted allí alguna vez?
-No.
-¿Irá usted pronto? ¡Le gustará tanto!
Mi fisonomía expresó un profundo sufrimiento. No podía resignarme a pensar que esperaba verme marchar a París, que suponía que podría tener siquiera la idea de ir. ¡Mucho me importaba a mí París y Francia entera! Me sería imposible, en las circunstancias actuales, abandonar Inglaterra ni por todos los tesoros del mundo. Nada podría decidirme. En resumen, dije tanto, que ella empezaba de nuevo a esconder la cara tras los bucles, cuando a lo largo del sendero llegó corriendo el perrito, para descanso nuestro.
Estaba horriblemente celoso de mí, y se obstinaba en ladrarme entre las piernas. Ella lo cogió en brazos ¡oh Dios mío! y le acarició, sin que dejara de ladrar.
No quería que yo le tocara, y entonces ella le pegó; mis sufrimientos aumentaban al ver los golpecitos que le daba en el hocico para castigarle, mientras él guiñaba los ojos y le lamía las manos, al mismo tiempo que continuaba gruñendo entre dientes en voz baja. Por fin se tranquilizó (¡ya lo creo, con aquella barbillita con hoyuelos apoyada en su hocico!) y tomamos el camino de la terraza.
-No time usted demasiada amistad con miss Murdstone, ¿verdad? -dijo Dora- ¡Querido mío! (Estas dos últimas palabras se dirigían al perro. ¡Oh si hubiese sido a mí!)
-No -repliqué yo-; ninguna.
-Es muy fastidiosa -añadió haciendo un gestito-. Yo no sé en qué ha estado pensando papá para traerme de compañera a una persona tan insoportable. ¡No parece sino que necesita una que la protejan! ¡No seré yo! ,lip es mucho mejor protector que miss Murdstone. ¿No es verdad, Jip, amor mío?
Él se contentó con cerrar los ojos descuidadamente, mientras ella besaba su cabecita.
-Papá le llama mi amiga de confianza; pero eso no es cierto, ¿verdad, Jip? No tenemos la intención de dar nuestra confianza a personas tan gruñonas, ¿,no es verdad, Jip? Tenemos la intención de ponerla en quien nos dé la gana, y de buscarnos solos nuestros amigos, sin que nos los vayan a descubrir, ¿no es verdad, Jip?
Jip, en respuesta, hizo un ruido que se parecía bastante al de un puchero que hirviese. En cuanto a mí, cada palabra era un anillo que añadían a mi cadena.
-Es muy duro que porque no tengamos madre nos veamos obligados a arrastrar a una mujer vieja, fastidiosa, antipática, como miss Murdstone, tras de nosotros, ¿no es verdad, Jip? Pero no te preocupes, Jip, no le daremos nuestra confianza, y disfrutaremos todo lo que podamos a pesar suyo, y le haremos rabiar; es todo lo que podemos hacer por ella, ¿no es verdad, Jip?
Si aquel diálogo hubiera durado dos minutos más, creo que habría terminado por caer de rodillas en la arena, a riesgo de arañármelas y de que, además, me despidieran.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
251
252
253
254
255
256
257
258
259
260
261
262
263
264
265
266
267
268
269
270
271
272
273
274
275
276
277
278
279
280
281
282
283
284
285
286
287
288
289
290
291
292
293
294
295
296
297
298
299
300
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|