David Copperfield (Charles Dickens) - pág.278
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Hay jóvenes, ¿saben ustedes?, que pueden estar algo por debajo de su rango por su educación y sus modales, y que hacen tonterías, ¿saben ustedes?, y que se comprometen a sí mismos y a los demás, y todo esto ...; pero es delicioso reflexionar que hay «sangre» en ellos, ¿saben ustedes? Por mi parte, preferiría que me tirase al suelo un hombre de «sangre» a que me levantara uno que no lo fuese.
Esta declaración, que resumía admirablemente la esencia de la cuestión, tuvo mucho éxito y atrajo la atención de todos sobre el orador, hasta el momento de retirarse las señoras. Observé entonces que mister Gulpidge y míster Henry Spiker, que hasta entonces se habían mantenido recíprocamente a distancia, formaron una línea defensiva contra nosotros y cambiaron a través de la mesa un diálogo misterioso.
-Ese asunto de la primera fianza de cuatro mil quinientas libras no ha seguido el curso que se esperaba, Gulpidge -dijo míster Henry Spiker.
-¿Se refiere usted al D. de A.? -dijo míster Spiker.
-Al C. de B. -dijo míster Gulpidge.
Míster Spiker frunció las cejas y pareció muy impresionado.
-Cuando le fue presentada la cuestión a lord... no necesito nombrarle... -dijo míster Gulpidge, interrumpiéndose.
-Comprendo -dijo míster Spiker-, N.
Míster Gulpidge hizo un signo misterioso.
-Cuando se la presentaron, su contestación fue: «O dinero o no hay libertad».
-¡Dios mío! -exclamó míster Spiker.
-«O dinero o no hay libertad» -repitió míster Gulpidge con fuerza-. El presunto heredero... ¿me entiende usted?
-«K» -dijo míster Spiker con una mirada de complicidad.
-K... entonces se negó positivamente a firmar. Le esperaron en Newmarker con ese objeto; pero él se negó a ello.
Míster Spiker estaba tan interesado, que parecía de piedra.
-Por el momento así han quedado las cosas -dijo mister Gulpidge echándose hacia atrás en la silla-. Nuestro amigo Waterbrook me perdonará que me explique en términos generales; pero es a causa de la magnitud de los intereses que intervienen.
Mister Waterbrook se sentía demasiado orgulloso (según me pareció) de que se trataran en su mesa, aunque sólo fuera por alusión, semejantes intereses y semejantes nombres, y tomó una expresión de gran inteligencia, aunque estoy seguro de que no había comprendido más que yo sobre el asunto que se estaba tratando. Además, aprobó en grado sumo la discreción que se observaba. Mister Spiker, después de haber recibido de su amigo mister Gulpidge una confidencia tan importante, deseaba, como es natural, corresponderle. Así, el diálogo precedente fue seguido de otro muy semejante, sólo que esta vez le tocaba a mister Gulpidge demostrar sorpresa. Después empezó él de nuevo, y mister Spiker se sorprendió a su vez, y así se siguieron turnando. Durante todo este tiempo los demás estábamos oprimidos por el interés tremendo que envolvía la conversación, y nuestro anfitrión nos miraba con orgullo, como a víctimas de un saludable respeto y admiración.
Por lo tanto, me puse muy contento cuando pude subir con Agnes y, después de charlar con ella en un rincón, la presenté a Traddles, que era tímido, pero simpático, y tan buena persona como siempre.
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