David Copperfield (Charles Dickens) - pág.273
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¿Quién ha sucedido a miss Larkins, Trotwood?
-Nadie, Agnes.
-Alguien, Trotwood -dijo Agnes riendo y amenazándome con un dedo.
-No, Agnes; palabra de honor. En realidad, en casa de mistress Steerforth hay una señora que tiene mucho espíritu y con la cual me gusta charlar: miss Dartle...; pero no la quiero.
Agnes se echó a reír de su ocurrencia y me dijo que si continuaba siendo mi confidente iba a escribir un pequeño diario de mis enamoramientos violentos, con la fecha de su nacimiento y de su fin, como las tablas de reinos en la historia de Inglaterra. Después de esto me preguntó si había visto a Uriah.
-¿Uriah Heep? No. ¿Está en Londres?
-Viene todos los días aquí a las Oficinas del piso bajo -replicó Agnes-. Estaba ya en Londres ocho días antes que yo. Temo que sea para algún asunto desagradable, Trotwood.
-¿Algún asunto que te preocupa? Agnes, ¿de qué se trata?
Agnes dejó su labor y me contestó, cruzando las manos y mirándome de un modo pensativo con sus hermosos ojos dulces:
-Creo que va a entrar como asociado de mi padre.
-¿Quién? ¿Uriah? ¿Habrá conseguido el miserable, con sus bajezas, deslizarse hasta un puesto semejante? -exclamé con indignación-. ¿Y no has tratado de impedirlo, Agnes? Piensa en las relaciones que tendrán que seguir. Hay que hablar; no se le puede dejar a tu padre dar un paso tan imprudente; hay que impedirlo, Agnes, mientras sea posible.
Agnes me miraba, y volvió la cabeza, sonriendo débilmente, al ver mi excitación. Después respondió:
-¿Recuerdas nuestra última conversación a propósito de papá? Fue poco tiempo después, dos o tres días quizá, cuando me dejó vislumbrar por primera vez lo que te digo ahora. Era muy triste verle luchar contra su deseo de hacerme creer que era un asunto de su libre elección y el trabajo que le costaba ocultarme que se veía obligado a ello. Estuve muy triste.
-¡Obligado, Agnes! ¿Qué es lo que le obliga?
-Uriah -respondió después de titubear un momentose las ha arreglado para hacerse el indispensable. Es listo y está alerta. Ha adivinado las debilidades de mi padre, las ha animado y se ha aprovechado de ellas; en fin, si quieres que te diga todo lo que pienso, Trotwood, papá le tiene miedo.
Vi claramente que habría podido decirme más; que sabía o adivinaba más; pero no quise causarle la tristeza de interrogarla; pues sabía que si callaba era por cariño a su padre; sabía que desde hacía mucho tiempo las cosas tomaban aquel camino; sí, reflexionando, no podía disimular que hacía mucho tiempo que aquello se preparaba, y guardé silencio.
-Su influencia sobre papá es muy grande -dijo Agnes-; le demuestra mucha humildad y agradecimiento; quizá sea verdad ...; así lo espero; pero, en realidad, se ha colocado en una situación que le da mucha fuerza, y temo que se aprovechará de ella sin compasión.
Dije, indignado, que era un canalla, y por el momento aquello me calmó.
-En el momento de que hablo, cuando mi padre me hizo esa confidencia -prosiguió Agnes-, Uriah le había dicho que tenía que dejarle; que lo sentía; que era una cosa que le causaba mucha pena, pero que le hacían muy buenas ofertas.
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