David Copperfield (Charles Dickens) - pág.272
Indice General
|
Volver
Página 272 de 653
-Entonces ¿por qué?
-Por muchas cosas que son bagatelas en sí mismas, pero que en conjunto tienen gran importancia. Le juzgo en parte, Trotwood, por lo que tú mismo me has contado de él, y por tu carácter, y por la influencia que ejerce sobre ti.
Había siempre algo en la dulzura de su voz que parecía hacer vibrar en mí una cuerda que sólo respondía a aquel sonido. Era una voz de un tono grave siempre; pero cuando estaba emocionada, como ahora, tenía algo que me conmovía. Sentado y mirándola mientras bajaba los ojos hacia su labor, me parecía estarle todavía oyendo; y Steerforth, a pesar de toda mi admiración, se oscurecía ante aquel sonido.
-Es mucho atrevimiento en mí -dijo Agnes mirándome de nuevo-, que vivo tan retirada y sé tan poco del mundo, darte un consejo tan decidido, y hasta tener una opinión tan definida; pero sé de lo que conviene, Trotwood; sé que es consecuencia del recuerdo de nuestra infancia común y del sincero interés que me inspira todo lo que te concierne. Eso me hace atrevida. Estoy segura de no equivocarme en lo que lo digo; estoy segura. Me parece que es otra persona, y no yo, quien te habla cuando te aseguro que es un amigo peligroso para ti.
Yo seguía mirándola y seguía escuchándola después de que hubiera terminado de hablar, y la imagen de Steerforth, aunque grabada todavía en mi corazón, se cubrió de nuevo con una nube sombría.
-No soy tan insensata que pretenda -dijo Agnes volviendo a su tono de costumbre- que puedas cambiar de pronto de sentimientos ni de convicción, sobre todo tratándose de un sentimiento que nace de tu naturaleza confiada. Además, no es cosa que debas hacer a la ligera. Únicamente te pido, Trotwood, que, si te acuerdas alguna vez de mí... quiero decir -continuó con una dulce sonrisa, pues le iba a interrumpir y sabía muy bien por qué-, quiero decir que todas las veces que te acuerdes de mí te acuerdes también del consejo que te he dado. ¿Me perdonarás por todo esto?
-Te perdonaré, Agnes, cuando hagas justicia a Steerforth y te parezca tan bien como a mí.
-¿Y antes no? -dijo Agnes.
Vi pasar una sombra por su cara cuando nombré a Steerforth; pero pronto me devolvió su sonrisa, y recobramos la confianza de siempre.
-Y tú, Agnes, ¿cuándo me perdonarás aquella noche?
-Cuando no la recuerdes -dijo Agnes.
Quería así apartar el recuerdo; pero yo estaba demasiado preocupado para consentirlo, a insistí en contarle cómo había llegado a rebajarme de aquel modo, y desarrollé ante ella la cadena de circunstancias, de las que el teatro sólo había sido, por decirlo así, el último eslabón. Fue un gran descanso para mí, y al mismo tiempo me daba ocasión para extenderme elogiando todo lo que debía a Steerforth y los cuidados que se había tomado por mí cuando yo no era capaz de cuidarme de mí mismo.
-No olvides -dijo Agnes, cambiando tranquilamente de conversación cuando terminé- que te has comprometido a contarme, no solamente tus penas, sino también tus pasiones.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
251
252
253
254
255
256
257
258
259
260
261
262
263
264
265
266
267
268
269
270
271
272
273
274
275
276
277
278
279
280
281
282
283
284
285
286
287
288
289
290
291
292
293
294
295
296
297
298
299
300
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|