Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > David Copperfield (Charles Dickens)

David Copperfield (Charles Dickens) - pág.257

Indice General | Volver

Página 257 de 653


Cuando llegaste a mí, pobre chiquillo errante, cubierto de polvo y agotado, quizá lo pensé así. Desde entonces hasta ahora, Trot, tú has sido para mí un motivo de orgullo, satisfacciones, cariño. Nadie más que tú tiene derecho sobre mi fortuna, es decir... (aquí, con gran sorpresa mía, dudó y pareció confusa...) no; nadie más tiene derecho sobre mi fortuna, pues tú eres mi hijo adoptivo. Únicamente te pido que también seas tú para mí un hijo cariñoso y que soportes mis extravagancias y caprichos; de ese modo harás más por esta pobre vieja -cuya juventud no ha sido lo feliz que hubiera debido ser- de lo que ella haya podido hacer por ti.
Era la primera vez que oía a mi tía referirse a su vida pasada. Y había tanta nobleza en el tono tranquilo con que lo hacía y en no explayarse, que aumentaba mi respeto y cariño por ella, si es que eso era posible.
-Ahora ya estamos de acuerdo, Trot -dijo mi tía-, y no necesitamos volver a hablar de ello. Dame un beso, y mañana, después de almorzar, iremos al Tribunal de Doctores.
Todavía permanecimos largo rato charlando delante del fuego antes de acostarnos. Me retiré a una habitación contigua a la de mi tía, quien no me dejó dormir en toda la noche llamando a mi puerta en cuanto le preocupaba el ruido distante de coches y carros, para preguntarme si no oía a las bombas de incendios. Cuando amanecía consiguió dormir mejor y me permitió a mí hacerlo también.
A eso de las doce nos dirigimos a las Oficinas de los señores Spenlow y Jorkins. Mi tía, que también pensaba que en Londres todo hombre que veía era un ratero, me dio su portamonedas para que se lo llevara, y vi que llevaba en él diez guineas y algo de plata.
Nos detuvimos ante la tienda de juguetes de Fleet Street para mirar los gigantes de Saint Dunstan tocando las campanas (habíamos calculado el tiempo para llegar a verlos a las doce en punto), y después nos dirigimos a Ludgate Hill y al cementerio de Saint Paul. Cuando llegábamos al primero de estos sitios observé que mi tía aceleraba el paso y parecía asustada.
Al mismo tiempo me di cuenta de que un hombre de mal aspecto, que se había parado para mirarnos al pasar un momento antes, nos seguía tan de cerca que rozaba el traje de mi tía.
-¡Trot, mi querido Trot! -exclamó mi tía en un murmullo de terror y apretándome el brazo-. ¡No sé qué hacer!
-No se asuste, tía; no merece la pena que se asuste. Entre en una tienda, y yo me encargo de ese individuo.
-No no, hijo mío -repuso ella-, no le hables por nada del mundo. Te lo pido, te lo ordeno.
-Por Dios, tía -dije yo-, si no es más que un mendigo descarado.
-Tú no sabes lo que es -replicó mi tía-. Tú no sabes quién es. ¡No sabes lo que tu dices!


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-500   501-550   551-600   601-650   651-653  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados