David Copperfield (Charles Dickens) - pág.256
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-¿Y no cree usted que este pollo pueda haber venido del campo, tía?
-Seguramente no -replicó mi tía- Para los comerciantes de Londres sería un disgusto vender algo bajo su verdadero nombre.
No traté de contradecir aquella opinión, pero comí con buen apetito, lo que le satisfacía plenamente. Cuando quitaron la mesa, Janet peinó a mi tía, la ayudó a ponerse su cofia de dormir, que era más elegante que de costumbre (por si había fuego), según decía. Después se remangó un poco la falda para calentarse los pies antes de acostarse, y yo le preparé -siguiendo las reglas establecidas, de las que jamás, bajo ningún pretexto, había que alejarse -un vaso de vino blanco caliente mezclado con agua, y le corté en tiras largas y delgadas pan para tostar. Nos dejaron solos para terminar la velada. Mi tía estaba sentada frente a mí y bebía su agua con vino, mojando una después de otra sus tostadas antes de comérselas, y mirándome con ternura desde el fondo de los adornos de su cofia de dormir.
-Y bien, Trot -me dijo-, ¿has pensado en mi proposición de hacerte procurador, o todavía no has tenido tiempo?
-He pensado mucho, tía, y he hablado mucho de ello con Steerforth. Me encanta la idea.
-Vamos -dijo mi tía-, me alegro mucho.
-Sólo veo una dificultad, tía.
-¿Cuál, Trot?
-Quería preguntarle si mi admisión en el Tribunal de Doctores, que según creo se compone de un número muy limitado de miembros, no será exageradamente cara.
-Sí es muy caro. Para que te hagas una idea son mil libras justas.
-¿Ve usted, tía? Eso es lo que me preocupaba -dije acercándome a ella- ¡Es una suma considerable! Ha gastado usted ya mucho en mi educación, y ha sido en todo igual de generosa. Nada puede dar idea de su bondad conmigo. Pero seguramente hay carreras a las que me podría dedicar, sin gastar apenas, por decirlo así, y teniendo al mismo tiempo esperanzas de éxito por medio del trabajo y la perseverancia. ¿Está usted segura de que no sería mejor intentarlo? ¿Está usted segura de poder hacer todavía ese sacrificio y de que no sería mejor evitarlo? Solamente le pido que lo piense.
Mi tía terminó sus tostadas, mirándome a la cara, y después depositó su vaso sobre la chimenea, y apoyando sus manos cruzadas sobre la falda me contestó lo siguiente:
-Trot, hijo mío; yo tengo un solo objetivo en la vida, y es hacer de ti un hombre bueno, sensible y dichoso. A ello me dedico, lo mismo que Dick. Yo querría que algunas personas oyeran las conversaciones de Dick sobre ese asunto. Su sagacidad es sorprendente; nadie conoce los recursos de la inteligencia de ese hombre más que yo.
Se detuvo un momento, y cogiendo mi mano entre las suyas, continuó:
-Es en vano, Trot, recordar el pasado, a menos que influya algo en el presente. Yo quizás podía haberme portado mejor con tu pobre padre. Quizá podía haber sido mejor amiga de aquella pobre niña que era tu madre, aun después de haberme defraudado con tu hermana Betsey Trotwood.
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