David Copperfield (Charles Dickens) - pág.248
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-Cinco chelines, y es de balde, muchacho. ¿No es verdad que le parezco muy tribial, míster Copperfield?
Respondí cortésmente: «Nada de eso» ; pero pensaba que lo era bastante, cuando un momento después le vi lanzar al aire la moneda de cinco chelines, cogerla como un escamoteador y deslizarla en su bolsillo dando un golpecito encima.
-Esta es la gaveta -dijo miss Mowcher; y acercándose a la silla volvió a meter en el bolso todas las menudencias que había sacado-. Veamos -dijo-, ¿lo tengo ya todo? Me parece que sí. No sería agradable encontrarse en la situación de Ned Biadwood, cuando le llevaron a la iglesia para casarle y habían olvidado a la novia. ¡Ja, ja, ja! Es francamente una mala persona el tal Ned; ¡pero tan gracioso! Ahora ya sé que les voy a destrozar el corazón; pero no tengo más remedio que marcharme. Ya pueden hacer acopio de valor para soportarlo. Adiós, míster Copperfield; cuídese mucho, Jockey de Norfolk. ¡Cuánto he charlado! ¡Pero ustedes tienen la culpa, picaruelos! Bueno, les perdonaré. «Bob swore» , como decía aquel inglés, por buenas noches, después de su primera lección de francés, «Bob swore», duques míos.
Con su bolso colgando del brazo y sin dejar de charlar se adelantó, balanceándose, hacia la puerta y se detuvo de pronto para preguntarnos si no queríamos un mechón de sus cabellos. « Le debo parecer muy tribial, míster Copperfield» , dijo como comentario a aquella proposición, y desapareció con el dedo apoyado en la nariz.
Steerforth reía de tan buena gana que no pude por menos de hacer otro tanto; de no ser así, no sé si me habría reído. Después de aquella explosión de alegría, que duró un momento, me dijo que miss Mowcher tenía una clientela muy numerosa y que se hacía necesaria a muchísima gente de modos muy distintos. Había personas que la trataban con ligereza, considerándola únicamente como una muestra de las extravagancias de la naturaleza; pero tenía un espíritu tan fino y observador como el que más; y si tenía los brazos cortos, no tenía la inteligencia menos larga. Añadió que había dicho la verdad al vanagloriarse de estar a la vez en todas partes; pues de vez en cuando hacía excursiones por provincias, donde siempre encontraba clientes nuevos, y terminaba por conocer a todo el mundo. Le pregunté cuál era su carácter; si no eran todo equívocos en ella, y si su simpatía se inclinaba por lo general a lo bueno; pero viendo que mis preguntas no le interesaban, después de dos o tres tentativas renuncié a repetírselas. En cambio, me contó una multitud de detalles sobre su habilidad y sus ganancias; me dijo que era una especialista poniendo ventosas, y que me lo prevenía por si alguna vez necesitaba pedirle ese servicio.
Miss Mowcher fue el principal tema de nuestra conversación durante la noche, y cuando nos separamos todavía Steerforth se inclinó por la barandilla de la escalera mientras yo bajaba para decirme: «Bob swore».
A1 llegar ante la casa de Barkis me sorprendió mucho el encontrar a Ham paseando de arriba abajo, y todavía me sorprendió más el saber que la pequeña Emily estaba en casa de su tía.
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