David Copperfield (Charles Dickens) - pág.239
Indice General
|
Volver
Página 239 de 653
Ya ha pasado todo y soy hombre de nuevo, como Macbeth. Y ahora a comer, si no he turbado el festín con el más admirable desorden, Florecilla, también como Macbeth.
-Pero dime, ¿dónde se han ido todos?
-¡Dios sabrá! -dijo Steerforth-. Después de ir a la playa a esperarte me vine aquí paseando y me encontré la casa desierta. Esto me hundió en pensamientos tristes, y tú me has encontrado sumergido en ellos.
La llegada de mistress Gudmige con una cesta al brazo explicaba el abandono de la casa. Había salido precipitadamente a comprar algo que faltaba antes del regreso de Peggotty, que volvería con la marea, y había dejado la puerta abierta, por si Ham y Emily, que debían volver temprano, llegaban en su ausencia. Steerforth, después de poner de buen humor a mistress Gudmige con un alegre saludo y un abrazo de lo más cómico, se agarró de mi brazo y me arrastró precipitadamente.
Había recobrado su buen humor al mismo tiempo que se lo había hecho recobrar a mistress Gudmige, y de nuevo, con su alegría acostumbrada, estuvo vivo y hablador mientras caminábamos.
-Y así -dijo alegremente-, ¿abandonamos mañana esta vida de filibusteros?
-Así lo convinimos -contesté- y tenemos reservados los asientos en la diligencia, ya lo sabes.
-Sí; no hay más remedio -suspiró Steerforth-. Había olvidado que existiese otra cosa en el mundo que no fuera balancearse sobre el mar en este pueblo. ¡Y es lástima que no sea así!
-Mientras durase la novedad al menos -dije riéndome.
-Es posible -replicó-, aunque es una observación muy sarcástica para un amiguito modelo de inocencia, como mi Florecilla. Bien, no lo niego, soy caprichoso, Davy. Sé que lo soy; pero mientras el hierro está caliente sé aprovecharme y batirle con vigor. Te aseguro que podría soportar un duro examen como piloto en estos mares.
-Míster Peggotty dice que eres asombroso -repliqué.
-Un fenómeno náutico ¿eh? -rió Steerforth.
-Estoy seguro, y tú sabes que es verdad, conociendo lo ardiente que eres cuando persigues un objeto y lo fácilmente que lo haces maestro en cualquier cosa. Pero lo que siempre me sorprende, Steerforth, es que te contentes con emplear de un modo tan caprichoso tus facultades.
-¿Contentarme? -respondió alegremente-. No estoy nunca contento de nada, no siendo de tu ingenuidad, mi querido Florecilla; en cuanto a mis caprichos, todavía no he aprendido el arte de atarme a una de esas ruedas en que los ixionides, modernos dan vueltas y vueltas. No he sabido hacerese aprendizaje, y me time sin cuidado. ¿Te he dicho que he comprado un barco aquí?
-¡Qué especial eres, Steerforth! -exclamé deteniéndome, pues era la primera vez que me había hablado de ello-. Cuando, a lo mejor, no se te volverá a ocurrir el venir a este pueblo.
-No oo sé; me he encaprichado con el lugar. Además -continuó apresurando el paso-, he comprado un barco que estaba a la venta: un clíper, según dice míster Peggotty, y míster Peggotty lo capitaneará en mi ausencia.
-Ahora lo comprendo, Steerforth -dije radiante-.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|