David Copperfield (Charles Dickens) - pág.203
Indice General
|
Volver
Página 203 de 653
Pero, falto de aquella inspiración milagrosa, mis deseos se limitaban a dedicarme a algo que no le resultara muy costoso a mi tía y a cumplir mi deber en lo que fuera.
Míster Dick asistía con toda regularidad a nuestros conciliábulos, con su expresión más grave y reflexiva. Sólo en una ocasión se le ocurrió proponer una cosa (no sé cómo se le ocurrió aquello); el caso es que propuso que me dedicase a calderero. Mi tía recibió tan mal la proposición que al pobre mister Dick se le quitaron las gams de volver a meterse en la conversación. Se limitaba a mirar atentamente a mi tía, interesándose por lo que ella proponía y haciendo sonar su dinero en el bolsillo.
-Trot, voy a decirte una cosa, querido -me dijo una mañana miss Betsey. Era por Navidad, y después de salir yo del colegio-. Puesto que todavía no hemos decidido la cuestión principal y teniendo en cuenta que debemos hacer lo posible para no equivocamos, creo que lo mejor sería pensarlo más detenidamente. Así, tú podrías considerarlo desde un punto de vista nuevo, y no como un colegial.
-Lo haré tía.
-Se me ha ocurrido -prosiguió miss Betsey- que un ligero cambio, una mirada a la vida, podía ayudarte a fijar tus ideas y a formar un juicio más sereno. Supongamos que hicieras un pequeño viaje; por ejemplo, que fueras a tu antigua aldea y visitaras a aquella... a aquella mujer extraña que tenía un nombre tan salvaje -dijo mi tía frotándose la nariz, pues no había perdonado todavía a Peggotty que se llamara así.
-De todo lo que hubieras podido proponerme, tía, es lo que más me gusta -dije.
-Bien -repuso ella-; es una suerte, porque yo también lo deseo mucho. Además, es natural y lógico que te guste, y estoy convencida de que todo lo que hagas, Trot, será siempre natural y lógico.
-Así lo espero, tía.
-Tu hermana Betsey Trotwood -dijo mi tía- habría sido la muchacha más razonable del mundo. Querrás ser digno de ella, ¿no es así?
-Espero ser digno de usted, tía, y eso me basta.
-Cada vez pienso más que es una suerte para tu pobre madre, tan niña, el haber dejado el mundo -dijo mi tía mirándome con satisfacción-, pues ahora el orgullo de tener un hijo así le habría trastornado el juicio si le quedara algo. (Mi tía siempre se excusaba de su debilidad por mí achacándosela a mi pobre madre.) ¡Dios lo bendiga, Trot, cómo me la recuerdas!
-¿Espero que sea de un modo agradable, tía? -dije.
-¡Se parece tanto a ella, Dick! -continuó miss Betsey con énfasis, Es enteramente igual a ella en aquella tarde en que la conocí, antes de que nacieras, Trot. ¡Dios de mi corazón, es exactamente igual, cuando me mira; sus mismos ojos!
-¿De verdad? -dijo mister Dick.
-Y también se parece a David -dijo mi tía con decisión.
-¿Se parece mucho a David? -dijo mister Dick.
-Pero lo que deseo sobre todo, Trot, es que llegues a ser (no me refiero al físico; de físico estás muy bien) todo un hombre, un hombre enérgico, de voluntad propia, con resolución -dijo mi tía sacudiendo su puño cerrado hacia mí-, con energía, con carácter, Trot; con fuerza de voluntad, que no se deje influenciar (excepto por la buena razón) por nada ni por nadie; ese es mi deseo; eso es lo que tu padre y tu madre necesitaban, y Dios sabe que si hubieran sido así, mejor les habría ido.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|