David Copperfield (Charles Dickens) - pág.199
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El tiempo pasa sin que yo me dé cuenta, pues Adams no está ya a la cabeza de la clase. Hace ya mucho tiempo que salió del colegio, tanto que cuando vuelve a hacer una visita al doctor Strong soy yo el único que queda de su época. Va a entrar en la Audiencia, y piensa hacerse abogado y llevar peluca. Me sorprende que sea tan modesto; además, su aspecto es mucho menos imponente de lo que yo creía y todavía no ha revolucionado el mundo, como yo me esperaba, pues me parece que las cosas siguen lo mismo que antes de que Adams entrara en una vida activa.
Aquí hay una laguna en la que los grandes guerreros de la historia y de la poesía desfilan ante mí en ejércitos innumerables. Parece que no se acaban nunca. ¿Qué viene después? Estoy a la cabeza de la clase y miro desde mi altura la larga fila de mis camaradas, observando con un interés lleno de condescendencia a los que me recuerdan lo que yo era a su edad. Además, me parece que ya no tengo nada que ver con aquel niño; lo recuerdo como algo que se ha dejado en el camino de la vida, algo al lado de lo que se ha pasado, y a veces pienso en él como si fuera un extraño.
¿Y la niña de mi llegada a casa de míster Wickfield, dónde está? También ha desaparecido, y en su lugar una criatura que es exactamente el retrato de abajo y que no es ya una niña dirige la casa; Agnes, mi querida hermana, como yo la llamo, mi guía, mi amiga, el ángel bueno de todos los que viven bajo su influencia de paz y de virtud y de modestia; Agnes es ahora una mujer.
¿Qué nuevo cambio se ha operado en mí? He crecido, mis rasgos se han acentuado y he adquirido alguna instrucción durante los años transcurridos. Llevo un reloj de oro con cadena, una sortija en el dedo meñique y una chaqueta larga. Abuso del cosmético, lo que, unido con la sortija, es mala señal. ¿Estaré enamorado de nuevo? Sí; adoro a la mayor de las hermanas Larkins.
La mayor de las hermanas Larkins no es ninguna niña. Es alta, morena, con los ojos negros, y una hermosa figura de mujer. Miss Larkins, la mayor, no es ninguna chiquilla, pues su hermana pequeña no lo es, y la mayor debe de tener tres o cuatro años más. Quizá miss Larkins tenga unos treinta años. Y mi pasión por ella es desenfrenada.
Miss Larkins, la mayor, conoce a muchos oficiales, y es una cosa que me molesta mucho el verla hablar con ellos en la calle, y verlos a ellos cruzar de acera para salirle al encuentro cuando ven desde lejos su sobrero (le gustan los sombreros de colores muy vivos) al lado del sombrero de su hermana. Ella se ríe, habla y parece divertirse mucho. Yo paso todos mis ratos de ocio paseando con la esperanza de encontrarla, y si consigo verla (tengo derecho a saludarla, pues conozco a su padre), ¡qué felicidad! Verdaderamente merezco al menos un saludo de vez en cuando.
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