David Copperfield (Charles Dickens) - pág.195
Indice General
|
Volver
Página 195 de 653
-Y le diré una cosa, mi querido Copperfield -me dijo míster Micawber-; su amigo Heep será un buen abogado. Si le hubiera conocido en la época en que mis dificultades terminaron en aquella crisis, todo lo que puedo decir es que estoy convencido de que mis negocios con los acreedores habrían terminado mucho mejor de lo que terminaron.
No comprendía cómo habrían podido terminar de otro modo, puesto que mister Micawber no había pagado nada; pero no quise preguntarlo. Tampoco me atreví a decir que esperaba que no se hubiera sentido demasiado comunicativo con Uriah, ni a preguntarle si habían hablado mucho de mí. Temía herirle; mejor dicho, temía herir a su señora, que era muy susceptible. Pero aquella idea me preocupó mucho, y hasta después he pensado en ella.
La comida fue soberbia. Un plato de pescado, carne asada, salchichas, una perdiz y un pudding. Vino, cerveza, y al final mistress Micawber nos hizo con sus propias manos un ponche caliente.
Míster Micawber estaba muy alegre. Muy rara vez le había visto de tan buen humor. Bebía tanto ponche, que su rostro relucía como si le hubieran barnizado. Con tono alegremente sentimental propuso beber a la prosperidad de la ciudad de Canterbury, declarando que había sido muy dichoso en ella, igual que su señora, y que no olvidaría nunca las horas agradables que había pasado aquí. Después brindó a mi salud; y luego los tres estuvimos recordando nuestra antigua amistad y, entre otras cosas, la venta de todo cuanto poseían.
Más tarde yo propuse beber a la salud de mistress Micawber, y dije con timidez: «Si usted me lo permite, mistress Micawber, me gustaría beber a su salud ahora», con lo que su marido se lanzó en un elogio pomposo de ella, declarando que había sido para él un guía, un filósofo y un amigo, y aconsejándome que cuando estuviera en edad de casarme buscase una mujer como aquella, si es que era posible encontrarla.
A medida que el ponche disminuía, míster Micawber se iba poniendo más alegre. También mistress Micawber cedió a su influencia, y nos pusimos a cantar Auld Lang Syne. Cuando llegamos a « Aquí está mi mano, hermano verdadero», los tres nos agarramos las manos alrededor de la mesa, y cuando llegamos a lo de «tomar un recto guía», aunque no teníamos idea de a qué podía referirse, estábamos realmente conmovidos.
En una palabra, nunca he visto a nadie tan alegremente jovial como a míster Micawber hasta el último momento aquella noche cuando me despedí cariñosamente de él y de su amable esposa. Por lo tanto, no estaba preparado, a las siete de la mañana siguiente, para recibir la siguiente carta, fechada a las nueve de la noche, un cuarto de hora después de haberlos dejado yo:
Mi querido y joven amigo:
La suerte está echada; todo ha terminado. Ocultando las huellas de las preocupaciones bajo una mascara de alegría, no le he informado a usted esta noche de que ya no tenemos esperanzas de recibir el dinero.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|