David Copperfield (Charles Dickens) - pág.181
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Fue un juego divertido, no siendo la menor diversión las equivocaciones del doctor, que eran innumerables a pesar de la vigilancia de las mariposas y de su indignación. Mistress Strong había renunciado a jugar, bajo el pretexto de no encontrarse muy bien, y su primo Maldon también se excusó porque todavía tenía algunos paquetes por hacer. Cuando volvió de hacerlos, se sentó a charlar con ella en el sofá. De vez en cuando Annie iba a mirar las cartas del doctor y le aconsejaba una jugada. Estaba muy pálida, estaba muy pálida cuando se inclinaba hacia él, y me pareció que su dedo temblaba al señalar las cartas; pero el doctor era completamente feliz con aquella atención y no se daba cuenta.
La cena no fue tan alegre; todos parecían sentir que una separación de aquella índole era algo embarazoso, y cuanto más se acercaba el momento, más aumentaba la tensión. Jack Maldon intentaba estar muy charlatán, pero no era espontáneo y lo estropeaba todo. Y según me pareció también, lo empeoraba el Veterano recordando continuamente episodios de la infancia de Maldon.
El doctor, convencido sin embargo (estoy seguro) de que había hecho felices a todos, estaba muy contento y no se le ocurría sospechar que pudiera haber alguien que no estuviera alegre.
-Annie querida -dijo mirando su reloj y llenando su vaso-, va a ser la hora de partida de tu primo Jack y no debemos retenerle, pues ni el tiempo ni la marea esperan. Jack Maldon, va usted a emprender un largo viaje a un país extranjero; muchos hombres lo han hecho y muchos lo harán hasta el fin de los tiempos. Los vientos que usted va a afrontar han conducido a cientos y miles de hombres a la fortuna y han vuelto a traer a millares y millares felizmente a su patria.
-Es una cosa realmente conmovedora -dijo mistress Macklheam-, por cualquier lado que se mire, el ver a un muchacho agradable, a quien se conoce desde la infancia, partir para el otro extremo del mundo dejando todo lo que conoce detrás de sí y sin saber lo que le espera. Un joven que hace un esfuerzo semejante merece una protección constante -dijo mirando al doctor.
-El tiempo correrá deprisa para usted, Jack Maldon -prosiguió el doctor- y deprisa para todos nosotros. Algunos difícilmente podemos esperar, siguiendo el curso natural de las cosas, el poder felicitarle a su regreso; sin embargo, lo mejor es tener esperanza, y ese es mi caso. No le cansaré con buenos consejos. Ha tenido usted durante mucho tiempo un buen modelo delante con su prima Annie. Imítela todo lo más que pueda.
Mistress Macklheam se abanicaba moviendo la cabeza.
-Que siga usted bien, Maldon -dijo el doctor poniéndose de pie, con lo que todos nos levantamos-. Le deseo un próspero viaje, una carrera brillante y un feliz regreso a su país.
Todos brindamos por él y todos le estrechamos la mano, después de lo cual se despidió de las señoras y se precipitó a la puerta, donde fue recibido, al subir al coche, por una tremenda descarga de vivas de los alumnos, que se habían reunido allí con aquel objeto.
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