David Copperfield (Charles Dickens) - pág.174
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Observé que no sabía sonreír; únicamente abría la boca, y se le marcaban dos arrugas duras a cada lado de las mejillas.
-No estoy trabajando para el bufete, míster Copperfield -dijo Uriah.
-¿En qué trabaja entonces? -pregunté.
-Estoy estudiando Derecho -dijo Uriah-. En este momento aprendo la práctica de Tidd. ¡Qué escritor este Tidd, míster Copperfield!
Mi taburete era un buen sitio de observación, y le contemplé mientras leía de nuevo después de aquella calurosa exclamación y seguía otra vez las líneas con su dedo. Observé también que las aletas de su nariz, que era delgada y puntiaguda, tenían un singular poder de contracción y dilatación, y parecía guiñar con ellas en lugar de con los ojos, que no decían nada en absoluto.
-¿Supongo que será usted un gran abogado? -dije después de mirarle durante un rato.
-¿Yo, míster Copperfield? -dijo Uriah-. ¡Oh, no! Yo soy una persona muy humilde.
Pensé que no debía ser aprensión mía lo que me había hecho sentir el contacto de sus manos, pues continuamente las restregaba una con otra como para calentarlas, y las secaba furtivamente con su pañuelo.
-Sé muy bien lo humilde de mi condición -dijo Uriah Heep con modestia- comparándome con los demás. Mi madre es también una persona muy humilde; vivimos en una casa modestísima, míster Copperfield; pero tenemos mucho que agradecer a Dios. El oficio de mi padre era muy modesto: era sepulturero.
-¿Dónde está ahora? -pregunté.
-Ahora está en la gloria, míster Copperfield -dijo Uriah-. Pero ¡cuántas gracias no hemos recibido! ¿No debo dar mil gracias a Dios por haber entrado con míster Wickfield´?
Le pregunté a Uriah si estaba desde hacía mucho tiempo con él.
-Estoy aquí desde hace cuatro años, míster Copperfield -dijo Uriah cerrando el libro, después de señalar cuidadosamente el sitio en que se interrumpía-. Entré aquí un año después de la muerte de mi padre. Y también qué enorme gracia debo a la bondad de míster Wickfield, que me permite estudiar gratuitamente cosas que hubieran estado por encima de los humildes recursos de mi madre y míos.
-Entonces, ¿al terminar sus estudios de Derecho se hará usted procurador? -dije.
-Con la bendición de la Providencia, míster Copperfield -respondió Uriah.
-¡Quién sabe si no llegará usted a ser un día el socio de míster Wickfield -dije yo para hacerme agradable- y entonces será Wickfield y Heep, o Heep, sucesor de Wickfield!
-¡Oh, no, míster Copperfield! -replicó Uriah sacudiendo la cabeza- Soy demasiado humilde para eso.
Verdaderamente se parecía de una manera asombrosa a la cabeza tallada en el extremo de la viga cerca de mi ventana mientras estaba así sentado en su humildad, mirándome de lado con la boca abierta y las arrugas en las mejillas.
-Míster Wickfield es un hombre excelente, míster Copperfield -dijo Uriah ; pero si usted le conoce desde hace mucho tiempo sabrá sobre él más de lo que yo pueda decirle.
Le repliqué que estaba convencido; pero que no hacía mucho tiempo que le conocía, aunque era muy amigo de mi tía.
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