David Copperfield (Charles Dickens) - pág.168
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Estaba en la biblioteca; me refiero al doctor Strong. Llevaba la ropa mal cepillada, los cabellos despeinados, largas polainas negras desabrochadas y los zapatos abiertos como dos cavernas sobre la alfombra. Volvió hacia mí sus ojos apagados, que me recordaron los de un caballo ciego al que había visto pacer y cojear sobre las tumbas del cementerio de Bloonderstone. Me dijo que se alegraba mucho de verme, y me tendió una mano, con la que yo no sabía qué hacer, porque ella tampoco hacía nada.
Sentada trabajando no lejos del doctor había una linda muchacha, a quien llamaba Annie, y supuse que sería su hija.
Me sacó de mis meditaciones cuando se arrodilló en el suelo para atar los zapatos del doctor Strong y abrocharle las polainas, lo que hizo con prontitud y cariño. Cuando terminó y nos dirigimos a la clase, me sorprendió mucho oír a míster Wickfield despedirse de ella bajo el nombre de mistress Strong, y me preguntaba si no sería por casualidad la mujer de algún hijo, cuando el mismo doctor disipó mis dudas.
-A propósito, Wickfield -dijo parándose en un pasillo, con una mano apoyada en mi hombro-, ¿no ha encontrado usted todavía nada que pueda convenir al primo de mi mujer?
-No -dijo míster Wickfield-, todavía no.
-Desearía que fuera lo más pronto posible, Wickfield -dijo el doctor Strong-, pues Jack Maldon es pobre y está ocioso, y son dos cosas malas, que traen a veces resultados peores. Y es lo que dice el doctor Wats -añadió mirándome y moviendo la cabeza al mismo tiempo que hablaba-, que «Satanás encuentra siempre trabajo para las manos ociosas».
-En verdad, doctor -replicó míster Wickfield-, que el doctor Wats habría podido decir con la misma razón «que Satanás siempre encuentra algo que hacer para las manos ocupadas». Las personas ocupadas también toman parte en el mal del mundo, puede usted estar seguro, y si no, ¿qué es lo que han hecho desde hace un siglo o dos los que más han trabajado en adquirir poder o dinero? ¿Cree usted que no han hecho también bastante daño?
-Jack Maldon nunca trabajará demasiado para adquirir lo uno ni lo otro -dijo el doctor Strong, restregándose la barbilla con aire pensativo.
-Es posible -dijo míster Wickfield-, y me recuerda usted nuestro asunto, y le pido perdón por haberme alejado de él. No; todavía no he encontrado nada para Jack Maldon. Creo -añadió titubeando- que adivino sus aspiraciones, y eso hace la cosa más difícil.
-Mis objetivos -dijo el doctor Strong- son colocar de un modo conveniente al primo de Annie, que además es para ella un amigo de la infancia.
-Sí, ya sé -dijo míster Wickfield-: en Inglaterra o en el extranjero.
-Sí -dijo el doctor, evidentemente sorprendido de la afectación con que pronunciaba aquellas palabras: «en Inglaterra o en el extranjero».
-Son sus propias palabras -dijo míster Wickfield-.« o en el extranjero».
-Sin duda -respondió el doctor-,sin duda; lo uno o lo otro.
-¿Lo uno o lo otro? ¿Le es indiferente? –preguntó míster Wickfield.
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