David Copperfield (Charles Dickens) - pág.151
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Saluda a tu tía, y que estoy en muy buen camino.
Me iba, cuando llamó mi atención hacia la cometa.
-¿Qué te parece esa cometa?
Respondí que me parecía muy bonita, y que debía de tener lo menos siete pies de alta.
-La he hecho yo. La lanzaremos uno de estos días tú y yo -dijo míster Dick-. ¿Ves?
Y me enseñaba que estaba hecha de un papel cubierto de una escritura fina y apretada, pero tan clara, que al dirigir mis miradas sobre sus líneas me pareció ver dos o tres veces alusiones a la cabeza del rey Carlos I.
-Hay mucho hilo bramante -dijo míster Dick-, y cuando sube muy alta lleva, como es natural, lo escrito muy lejos. Es una manera de propagarlo, no sé dónde puede ir a parar; depende de las circunstancias del viento y demás, y yo lo aprovecho.
Tenía un aspecto tan bueno, tan dulce y tan respetable, a pesar de su apariencia de fuerza y de viveza, que no estaba yo muy seguro de que no fuera una broma para divertirme, y me eché a reír. Él hizo otro tanto, y nos separamos como los mejores amigos del mundo.
-Y bien, muchacho -me dijo mi tía cuando baje-. ¿Cómo está míster Dick?
Le respondí que la saludaba, y que la Memoria estaba en muy buen camino.
-¿Y qué piensas de míster Dick? -me preguntó mi tía.
Tenía ganas de eludir la cuestión, contestando que me parecía muy amable; pero mi tía no se dejaba despistar así. Puso su labor sobre las rodillas y me dijo, cruzando las manos:
-Vamos; tu hermana Betsey Trotwood me habría dicho al momento lo que pensara de cualquier persona. Haz todo lo posible por parecerte a tu hermana, y habla.
-¿No está míster Dick, no está ...? Le hago esta pregunta porque no sé, no sé, tía, si no tendrá la cabeza un poco mal -balbucí, dándome cuenta de que pisaba en falso.
-Nada de eso -dijo mi tía.
-¡Oh! -repuse con voz débil.
-Si hay alguien en el mundo que no esté mal de la cabeza, precisamente es míster Dick -dijo mi tía con mucha decisión y energía.
Yo no podía hacer nada mejor que repetir:
-¡Oh!
-Han dicho que estaba loco -prosiguió mi tía-. Tengo un placer egoísta en recordar que han dicho que estaba loco, pues sin ello nunca hubiera tenido la suerte de gozar de su compañía y de sus consejos desde hace más de diez años; a decir verdad, desde que tu hermana Betsey Trotwood me dejó defraudada.
-Hace tanto tiempo.
-Y bonita gente era la que tenía la audacia de llamarle loco -prosiguió mi tía- Míster Dick era una especie de pariente lejano; pero no tengo necesidad de explicarte esto. Si no hubiera sido por mí, su propio hermano le habría encerrado para toda la vida; eso es todo.
Me asusta pensar la hipocresía que había en mí cuando, viendo la indignación de mi tía sobre aquel punto, traté de tomar un aire indignado como ella.
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