Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > David Copperfield (Charles Dickens)

David Copperfield (Charles Dickens) - pág.132

Indice General | Volver

Página 132 de 653


Mientras andaba miraba a mi alrededor, para ver si encontraba a alguien que pudiera ayudarme a llevarla. En esto vi a un muchacho de piernas largas, que llevaba un carrito enganchado a un burro y que estaba cerca del obelisco en el camino de Blackfriars; al pasar me encontré con su mirada y me preguntó si le reconocería bien si le volvía a ver, aludiendo sin duda a la fijeza con que le había examinado. Me apresuré a asegurarle que no había sido por descortesía, sino que estaba pensando si no quería encargarse de un trabajo.
-¿Qué trabajo? -preguntó el muchacho de las piernas lanzas.
-Llevar una maleta -contesté.
-¿Qué maleta? -insistió el joven.
Lo dije que la mía, que estaba allí, en aquella misma calle, y que deseaba que por seis peniques me la llevaran a la diligencia de Dover.
-Vaya por los seis peniques -dijo el muchacho.
Y subiendo al instante en su carrito, que se componía de tres tablas puestas sobre las ruedas, partió tan diligente en la dirección indicada, que me costaba trabajo seguir el paso de su burro.
Tenía unos modales desconcertantes aquel muchacho y una manera muy molesta de mascar una brizna de paja al hablar; pero el trato estaba hecho. Le hice subir a la habitación que dejaba, cogió la maleta, la bajó y la puso en su carrito. Yo no quería todavía poner la dirección, por temor a que alguien de la familia de mi propietario adivinara mis designios; le rogué, por lo tanto, que se detuviera al llegar a la gran pared de la prisión de Bench King. Apenas hube pronunciado estas palabras cuando partió como si él, mi maleta, el carrito y el asno se hubieran vuelto locos. Yo perdía la respiración a fuerza de correr y de llamarle, hasta que le alcancé en el sitio indicado.
Estaba rojo y excitado, y al sacar la tarjeta dejé caer de mi bolsillo la media guinea. Me la metí en la boca para mayor seguridad, y aunque mis manos temblaban mucho, conseguí, con gran satisfacción, colocar la tarjeta. De pronto recibí un violento golpe en la barbilla, que me dio el chico de las piernas largas, y vi mi media guinea pasar de mi boca a sus manos.
-Vamos -dijo el joven agarrándome por el cuello de la chaqueta con un horrible gesto-, asunto de policía, ¿no es verdad? Y quieres huir, ¿no es así? ¡Ven, ven a la policía, granuja! ¡Ven a la comisaría!
-Déme mi dinero, haga el favor -dije yo, muy asustado-, y déjeme en paz.
-Ven a la comisaría, y allí demostrarás que es tuya.
-Deme mi maleta y mi dinero, ¿quiere usted? -grité deshecho en lágrimas.
El joven todavía replicó: «Ven a la comisaría», arrastrándome con violencia al lado del asno, como si hubiera alguna relación entre aquel animal y un magistrado.
Después, cambiando de pronto de opinión, saltó al carrito, se sentó encima de la maleta y, diciendo que iba derecho a la comisaría, partió más deprisa que nunca.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-500   501-550   551-600   601-650   651-653  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados