David Copperfield (Charles Dickens) - pág.129
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Se alojaron en la casa en que yo vivía durante una semana, y cuando expiró el plazo pensaban partir para Plimouth. El mismo míster Micawber fue al almacén aquella tarde para anunciar a míster Quinion que su marcha le obligaba a renunciar a mi compañía y para decirle de mí, según creo, todo el bien que merecía. En vista de esto, mister Quinion llamó a Tipp el carretero, que estaba casado y tenía una habitación para alquilar, y la tomó para mí. Debió de tener sus razones para creer que era con nuestro mutuo consentimiento, aunque yo no dije nada; pero mi resolución estaba tomada.
Pasé las veladas con míster y mistress Micawber durante el tiempo que nos quedaba todavía por vivir bajo el mismo techo, y creo que nuestra amistad aumentaba a medida que el momento de nuestra separación se aproximaba.
El último domingo me invitaron a comer y tomamos un trozo de cerdo fresco con salsa picante y un pudding. Yo había comprado la víspera un caballo de madera pintado para regalárselo al pequeño Wilkins Micawber y una muñeca para la pequeña Emma; también di un chelín a la huérfana, que perdía su colocación.
Pasamos un día muy agradable, aunque todos estábamos conmovidos pensando en la separación.
-Copperfield: nunca podré recordar las dificultades de Micawber sin pensar en usted. Usted se ha portado siempre con nosotros de la manera más delicada y más de agradecer. Usted no ha sido un huésped: ha sido un amigo.
-Querida mía -dijo su marido-: Copperfield time un corazón sensible a las desgracias de los demás, una cabeza capaz de razonar y unas manos... En resumen: un talento incomparable para sacar provecho de todo aquello de que se puede prescindir.
Expresé mi reconocimiento por aquel cumplido, y dije que estaba muy triste por tener que separarme de ellos.
-Querido amigo -dijo mister Micawber-: yo soy mayor que usted y tengo alguna experiencia en la vida y en... En una palabra: en dificultades de todas clases, para hablar de un modo general. Por el momento, y hasta que surja algo (lo que espero siempre) no le puedo ofrecer otra cosa que mis consejos; sin embargo, creo que valen la pena de ser escuchados, sobre todo... En una palabra: porque yo nunca los he seguido... y que...
Aquí mister Micawber, que sonreía y me miraba con expresión radiante, se detuvo frunciendo las cejas, y prosiguió:
-Y usted ve lo desgraciado que soy.
-Mi querido Micawber -exclamó su mujer.
-Digo -replicó mister Micawber, sin preocuparse de sí mismo y sonriendo de nuevo- lo desgraciado que he sido. Mi consejo es este: < Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» . Demorar cualquier cosa es un robo hecho al tiempo. ¡Hay que aprenderlo!
-Era la máxima de mi pobre papá -dijo mistress Micawber.
-Querida mía -dijo él- tu papá era un hombre muy bueno, y Dios me libre de querer rebajarlo; es más, hasta es probable... que.... en una palabra, jamás conoceremos a un hombre de su edad que tenga los pantalones tan bien puestos y que sea capaz de leer una letra tan pequeña sin anteojos; pero él aplicó esta máxima a nuestro matrimonio, querida mía, con tal premura, que todavía no me he repuesto de aquel gasto precipitado.
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