David Copperfield (Charles Dickens) - pág.76
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Al salir, míster Creakle le pegó un bastonazo a Tommy Traddles porque estaba llorando en lugar de adherirse a nuestros vivas, y después se volvió a su diván o a su cama; en fin, adonde fuera.
Cuando nos quedamos solos estábamos todos muy desconcertados y no sabíamos qué decir. Por mi parte, sentía mucho y me reprochaba, arrepentido, la parte que había tenido en lo sucedido; pero no hubiera sido capaz de dejar ver mis lágrimas, por temor a que Steerforth, que me estaba mirando, se pudiera enfadar o le pareciese poco respetuoso, teniendo en cuenta nuestras respectivas edades y el sentimiento de admiración con que yo le miraba. Steerforth estaba muy enfadado con Traddles, y decía que habían hecho muy bien en pegarle.
El pobre Traddles, pasado ya su primer momento de desesperación, con la cabeza encima del pupitre, se consolaba, como de costumbre, pintando un regimiento de esqueletos, y dijo que le tenía sin cuidado lo que a él le pareciera, y que se habían portado muy mal con míster Mell.
-¿Y quién se ha portado mal con él, señorita? -dijo Steerforth.
-Tú -dijo Traddles.
-¿Pues qué le he hecho? -insistió Steerforth.
-¿Cómo que qué le has hecho? -replicó Traddles-. Herir todos sus sentimientos y hacerle perder la colocación que tenía.
-¡Sus sentimientos! -repitió Steerforth desdeñosamente-. Sus sentimientos se repondrán pronto. ¿O es que crees que son como los tuyos, señorita Traddles? En cuanto a su colocación, ¡era tan estupenda! ¿Pensáis que no voy a escribir a mi madre diciéndole que le mande dinero?
Todos admiramos las nobles intenciones de Steerforth, cuya madre era una viuda rica y dispuesta según decía él, a hacer todo lo que su hijo quisiera. Estábamos encantados de ver cómo había puesto a Traddles en su puesto, y le exaltamos hasta las estrellas, especialmente cuando nos dijo que se había decidido a hacerlo y lo había hecho exclusivamente por nosotros y por nuestra causa, y que no había tenido en ello ni el menor pensamiento de egoísmo.
Pero debo decir que aquella noche, mientras estaba contando mi novela en la oscuridad del dormitorio, me parecía oír en mi oído tristemente la flauta de míster Mell; y cuando, por último, Steerforth se durmió y yo me dejé caer en la cama, al pensar que quizá en aquel momento aquella flauta estaría sonando dolorosamente, me sentí desgraciado por completo.
Pronto lo olvidé todo, en mi constante admiración por Steerforth, que como interesado y sin abrir un libro (a mí me parecía que los sabía todos de memoria) repasaba sus clases mientras venía un nuevo profesor. El que vino salía de una escuela elemental, y antes de entrar en funciones fue invitado a comer por míster Creakle un día, para serle presentado a Steerforth. Steerforth lo aprobó y nos dijo que era un Brick, y aunque yo no entendía exactamente lo que quería decir aquello, le respeté al momento, y no se me ocurrió dudar de su saber, aunque nunca se tomó por mí el interés que se había tomado míster Mell.
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