David Copperfield (Charles Dickens) - pág.6
Indice General
|
Volver
Página 6 de 653
Algunos nidos bastante viejos de cuervos se bamboleaban destrozados por la intemperie en sus ramas más altas, como náufragos en un mar tormentoso.
-¿Y dónde están los pájaros? -preguntó miss Betsey.
-¿Los que ...?
Mi madre estaba pensando en otra cosa.
-Los cuervos. ¿Qué ha sido de ellos? -preguntó mi tía.
-Desde que vivimos aquí no hemos visto ninguno -dijo mi madre-. Pensábamos... Míster Copperfield creía... que esto era una gran rookery; pero los nidos son ya muy antiguos y deben de estar abandonados hace mucho tiempo.
-¡Las cosas de David Copperfield! -exclamó miss Betsey-. ¡David Copperfield de la cabeza a los pies! Llama a la casa Rookery, no habiendo un solo cuervo en los alrededores, y cree que ha de haber forzosamente pájaros porque ve nidos.
-Míster Copperfield ha muerto -contestó mi madre-, y si se atreve usted a hablarme mal de él...
Sospecho que mi pobre madre tuvo por un momento la intención de arrojarse sobre mi tía; pero ni aun estando en mejor estado de salud y con suficiente entrenamiento hubiera podido hacer frente a semejante adversario; así es que después de levantarse se volvió a sentar humildemente y cayó desvanecida.
Cuando volvió en sí, o quizá cuando miss Betsey la hizo volver en sí, encontró a mi tía de pie ante la ventana. La luz del atardecer se iba apagando y a no ser por el resplandor del fuego no hubieran podido distinguirse una a otra.
-¡Bueno! -dijo miss Betsey volviéndose a sentar, como si sólo hubiera estado mirando por casualidad el paisaje-. ¿Y cuándo espera usted...?
-Estoy temblando -balbució mi madre-. No se que me pasa; pero estoy segura de que me muero.
-No, no, no -dijo miss Betsey-. Tome usted un poco de té.
-¡Oh Dios mío, Dios mío! ¿Pero cree usted que eso me aliviará algo? -exclamó mi madre desesperadamente.
-Naturalmente que lo creo. Todo eso es nervioso... Pero ¿cómo llama usted a la chica?
-Todavía no sé si será niña -dijo mi madre con inocencia.
-¡Dios bendiga a esta criatura! -exclamó mi tía, ignorando que repetía la segunda frase inscrita con alfileres en el acerico de la cómoda, pero aplicándosela a mi madre en lugar de a mí-. No se trataba de eso. Me refería a su criada.
-Peggotty -dijo mi madre.
-¡Peggotty! -repitió miss Betsey, casi indignada-. ¿Querrá usted hacerme creer que un ser humano ha recibido en una iglesia cristiana el nombre de Peggotty?
-Es su apellido -dijo mi madre con timidez-. Míster Copperfield la llamaba así porque como tiene el mismo nombre de pila que yo...
-¡Aquí, Peggotty! -gritó miss Betsey abriendo la puerta- Traiga usted té; su señora no se encuentra bien; conque ¡a no perder tiempo!
Habiendo dado esta orden con tanta energía como si su autoridad estuviese reconocida en la casa desde toda la eternidad, volvió a cerrar la puerta y a sentarse, no sin antes haberse cerciorado de que acudía Peggotty con una vela, toda desorientada, al sonido de aquella voz extraña.
-¿Decía usted que quizá será niña? -dijo cuando estuvo de nuevo con los pies sobre el guardafuego, la falda un poco remangada y las manos cruzadas encima de las rodillas-.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|