Cuentos de Navidad (Charles Dickens) - pág.39
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Al fantasma le agradó mucho verle con aquella actitud y le miró con tal benevolencia que Scrooge le suplicó como un niño que le permitiera quedarse hasta que los invitados se despidieran. El espíritu le dijo que no era posible.
«Van a empezar otro juego», dijo Scrooge. «¡Sólo media hora, espíritu; sólo media!»
Era el juego llamado del «Sí y no»; el sobrino de Scrooge tenía que pensar en una cosa y los demás descubrir lo que era haciéndole preguntas que únicamente podía responder con un «sí» o un «no». Del continuo bombardeo de preguntas a que fue sometido se deducía que había pensado en un animal, un animal vivo, un animal bastante desagradable, un animal salvaje, un animal que a veces rugía y gruñía, y otras veces hablaba, y vivía en Londres, y andaba por la caIle, y no se le exhibía al público, y nadie le llevaba atado, y no vivía en un zoológico, y nunca le mataron en un mercado, y no era un caballo, asno, vaca, toro, tigre, perro, cerdo, gato no oso. Cada nueva pregunta provocaba en el sobrino un ataque de risa tan irrefrenable que le obligaba a levantarse del sofá y dar patadas al suelo. Finalmente, la hermana rellenita, que había caído en un ataque similar, exclamó: «¡Ya lo tengo! ¡Ya sé lo que es, Fred! ¡Ya sé lo que es!»
«¿Qué es?», gritó Fred.
«¡Es tu tío Scro-o-o-o-oge!»
Así era, ciertamente. Hubo un sentimiento general de admiración, aunque algunos objetaron que la respuesta a «¿Es un oso?» debió haber sido «Sí», puesto que la respuesta contraria era suficiente para desviar el pensamiento del señor Scrooge, suponiendo que alguna vez se les hubiera ocurrido pensar en él.
«Gracias a él hemos tenido un buen rato», dijo Fred, «y sería ingratitud no beber a su salud. Aquí tenemos preparadas copas de vino caliente y brindo por tío Scrooge».
«¡Bueno! ¡Por tío Scrooge!», repitieron todos.
«¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para el viejo, sea lo que sea!», dijo el sobrino. «El no me lo aceptaría, pero da lo mismo. ¡Por tío Scrooge!
Tío Scrooge se había ido poniendo imperceptiblemente tan contento y animado que habría correspondido bebiendo a la salud de la inconsciente reunión, y les habría dado las gracias con palabras inaudibles si el fantasma le hubiera dado tiempo. Pero toda la escena se esfumó con el hálito de las últimas palabras del sobrino, y él y el espíritu emprendieron nuevos viajes.
Vieron mucho, fueron muy lejos, visitaron muchos hogares, pero siempre con un desenlace feliz. El espíritu permaneció junto al lecho de los enfermos y ellos se animaban; junto a los que estaban en tierra extraña y se sentían más cerca de la patria; junto a los hombres que luchaban, y les daba paciencia para alcanzar su mayor aspiración; junto a la pobreza y la convertía en riqueza. En hospicios, hospitales, cárceles, en todos los refugios de la miseria donde la pequeña y vana autoridad del hombre no había hecho cerrar las puertas para dejar al espíritu fuera, les dejó su bendición y a Scrooge el ejemplo.
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