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Canción de Navidad (Charles Dickens) - pág.11

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Página 11 de 18


Quizás fue por el gusto que el buen espíritu tenía en desplegar su poder, o por
su propia naturaleza, o su simpatía hacia los hombres, lo que lo condujo
directamente a la casa del escribiente de Scrooge.
-¿Qué estará haciendo vuestro precioso padre? -preguntó la señora Cratchit-. ¿Y
vuestro hermano Tim? Las Navidades pasadas, Marta ya había llegado a casa a esta
hora.
- ¡ Aquí está Marta, madre!
- ¡Vaya! ¡Bendita seas, querida! ¡Qué tarde llegas!
-¡Ahí viene padre! -gritaron los pequeños-. ¡Escóndete Marta!
Entró el pequeño Bob, el padre, con Tiny Tim en los hombros. ¡ Pobre -Tiny Tim!
Llevaba una muleta pequeña y una armadura de Hierro sostenía sus piernas.
¡Vaya! ¿Dónde está nuestra Marta? -exclamó Bob Cratchit mirando por la
habitación.
-No viene -respondió la señora.
-¿No viene? -replicó Bob con un súbito oscurecimiento en su alegría.
A Marta no le gustó verlo triste, así que antes de tiempo, salió de su escondite
y le abrazó.
Luego todos ayudaron a preparar la cena, y por fin se pusieron los platos y se
rezó. Cuando se terminó la comida, se arregló el fuego y toda la familia se
colocó en torno al hogar. Bob sirvió el ponche.
-¡Felices Navidades a todos, queridos, que Dios nos bendiga! -dijo Tiny Tim.
Toda la familia lo coreó.
-Espíritu -dijo Scrooge con un interés no sentido antes-, dime sí Tiny Tim
vivirá.
-Veo en el pobre rincón de la chimenea un asiento vacío y una muleta guardada,
sin su propietario. Si las sombras permanecen inalteradas por el futuro, morirá.
-No, no -dijo Scrooge, No, buen espíritu; di que lo perdonen.
-¿Qué importa? Sí es que va a morir, es mejor que lo haga y así aliviará el
exceso de población.
Scrooge bajó la cabeza al escuchar sus propias palabras citadas por el espíritu,
y se sintió embargado de dolor y remordimiento. Bajó los ojos al suelo, pero los
levantó rápidamente al escuchar su propio nombre.
- ¡El señor Scrooge! -dijo Bob-. ¡Brindemos a la salud del patrón de la fiesta!
¡Sí, patrón de la fiesta -exclamó la señora Cratchit enrojeciendo-. Ya me
gustaría tenerlo aquí. Le diría algo de lo que pienso, para que lo festejase.
-¡Querida! ¡Los niños! ¡Es Navidad!
-Seguro que tenía que ser el día de Navidad cuando uno bebiese a la salud de un
hombre tan odioso, tacaño, duro y sin sentimientos como el señor Scrooge. Beberé


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