Canción de Navidad (Charles Dickens) - pág.5
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-Debes haber viajado muy despacio -dijo Scrooge con aire comercial.
- ¡Despacio! -replicó el espectro-. Todo ese tiempo sin descanso, sin paz, con
el remordimiento torturándome.
- ¡Habrás recorrido mucho en siete años!
Al oír esto el espectro lanzó otro gemido.
-¡Oh cautivo, atado y doblemente encadenado! ¡Ignorar que cualquier espíritu
cristiano que trabaja con buena voluntad en su pequeño círculo, sea cual fuere,
encontrará su vida mortal demasiado corta para todo el bien que se puede
desarrollar! ¡ignorar que no hay lamentación que pueda enmendar las
oportunidades desperdiciadas de la vida! ¡Sin embargo, así era yo! ¡Oh, así era
yo!
-Pero si siempre fuiste un buen hombre de negocios, Jacobo.
- ¡Negocios! -exclamó el espectro-. La humanidad debía haber sido mi negocio, el
bien común, la caridad, la misericordia, la tolerancia.
Levantó las cadenas y las volvió a arrojar al suelo.
-En esta época del año es cuando más sufro. Escúchame -continuó el espectro-, mi
tiempo, se acaba. Esta noche he venido para avisarte que tienes una oportunidad
y una esperanza de escapar a mi destino.
-Siempre fuiste un buen amigo, ¡gracias!
-Te van a visitar tres espíritus.
La mandíbula de Scrooge cayó.
-¿Es la oportunidad y esperanza que acabas de mencionar, Jacobo?
-Sí. No puedes esperar evitar el sendero que yo recorro si no te visitan. Mañana
cuando el reloj dé la una, vendrá el primero.
Tras haber hablado así, la aparición se fue separando de espaldas y salió
flotando.
Scrooge cerró la ventana y examinó la puerta por la que había entrado el
espectro. Intentó decir: "Paparruchas", pero se detuvo a la primera sílaba y
estando necesitado de reposo, se fue derecho a la cama sin desnudarse, y se
quedó dormido.
¡Las doce! Scrooge se había acostado a las dos ya pasadas. Aquel reloj estaba
mal.
- ¡Cómo! ¿Será posible que haya dormido un día entero y parte de la noche?
Scrooge pensó y pensó una y otra vez, y no sacaba nada en claro. Cuanto más
pensaba, más perplejo se sentía, y cuanto más procuraba no pensar, más pensaba.
El espectro de Marley le perturbaba profundamente.
¡Ding, dong!
- ¡La hora, y no pasa nada! -exclamó Scrooge triunfalmente.
Había hablado antes de que sonase la campana de las horas. En aquel mismo
instante una luz fulguró en la habitación y las cortinas de su cama se
separaron. Scrooge pegó un salto y se encontró cara a cara con el visitante
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