Novela en nueve cartas (Fedor Dostoiewski) - pág.8
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título de préstamo, sino como parte del convenio que usted sabe. Si hubiera sido préstamo
existiría, por supuesto, un recibo. No me rebajo a contestar los otros puntos que menciona
usted en su carta. Veo que se trata de una incomprensión, veo en ello sus consabidos
arrebatos, su vehemencia y su franqueza. Sé que la bondad y el carácter sincero de usted
no permiten que anide la sospecha en su corazón y que, en defintiva, será usted el
primero en alargarme la mano. Se equivoca usted, Ivan Petrovich, se equivoca usted de
medio a medio.
A pesar de que su carta me ha ofendido hondamente, yo, hoy mismo, sería el primero
en reconocerme culpable e ir a verle si no fuera porque el mucho ajetreo de ayer me ha
dejado enteramente rendido y apenas puedo tenerme de pie. Para colmo de desgracias, mi
mujer ha caído en cama y me temo que se trate de algo grave. En cuanto al pequeño, a
Dios gracias va mejor. Pero dejo la pluma, los quehaceres me llaman y tengo un montón
de ellos. Quedo de usted, apreciadísimo amigo, etc.
VI
(De Ivan Petrovich a Pyotr Ivanych)
14 de noviembre
Muy señor mío:
He esperado tres días y he tratado de emplearlos con provecho. Durante ese tiempo,
creyendo que la cortesía y el decoro son los principales adornos del hombre, no le he
llamado la atención sobre mí ni de palabra ni de obra desde mi última carta fechada el 10
del corriente, en parte para que pudiera usted cumplir con calma sus deberes cristianos
para con su tía, y en parte también porque necesitaba tiempo para hacer ciertas gestiones
e indagaciones con respecto a nuestro asunto. Ahora me apresuro a poner las cosas en
claro, final y categóricamente.
Confieso con franqueza que tras la lectura de sus dos primeras cartas pense en serio que
usted no entendía lo que yo quiero; por eso prefería en cada caso verle a usted y hablar
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