Novela en nueve cartas (Fedor Dostoiewski) - pág.4
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El viaje se nos viene
encima, cuesta dinero, y, por añadidura, mi mujer me gimotea para que le mande hacer
una capota de terciopelo a la última moda. En cuanto a Evgeni Nikolaich, me apresuro a
decir a usted que por fin ayer, sin perder más tiempo, me informé acerca de él cuando
estuve en casa de Pavel Semionych Perepalkin. Es propietario de quinientos siervos en la
provincia de Yaroslav y, además, espera heredar de su abuela otros trescientos en las
cercanías de Moscú. No sé qué dinero tiene, pero pienso que eso puede usted averiguarlo
más fácilmente que yo. Finalmente, ruego me diga dónde podemos encontrarnos. Ayer
vio usted a Ivan Andreich quien, según usted, dijo que yo estaba con mi mujer en el
Teatro Aleksandrinski. Yo por mi parte, digo que miente y que es imposible darle crédito
en estas cosas, y que anteayer, sin ir más lejos, estafó a su abuela 800 rublos. Tengo el
honor de reiterarme, etc.
P.S. Mi mujer ha quedado embarazada. Es, además, asustadiza y algo inclinada a la
melancolía. En las representaciones teatrales hay a veces tiroteos y se imita al trueno por
medio de máquinas. Por ello, temiendo que se asuste, no la llevo al teatro. Yo tampoco
tengo a éste mucha afición.
III
(De Pyotr Ivanych a Ivan Petrovich)
Apreciadísimo amigo Ivan Petrovich:
Tengo la culpa, la tengo, mil veces la tengo, pero me apresuro a excusarme. Ayer entre
cinco y seis, y en momento justo en que recordábamos a usted con sincera simpatía, llegó
corriendo un recadero de parte de mi tío Stepan Alekseich con la noticia de que mi tía
estaba grave. Sin decir palabra a mi mujer para no asustarla, pretexté tener que atender a
un asunto urgente y fui a casa de mi tía. La encontré en las últimas. A las cinco en punto
le había dado un ataque, el tercero en dos años. Karl Fiodorych, el médico de cabecera,
dijo que quizá no saliera de la noche.
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