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El sueño del príncipe (Fedor Dostoiewski) - pág.46

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La gaceta ambulante desaparece. Marya Aleksandrovna tiembla de agitación, pero el
consejo de la coronela resulta sobremanera claro y práctico. No hay tiempo que perder.
Aún queda, sin embargo, el obstáculo más importante. Marya Aleksandrovna corre al
cuarto de Zina.
Zina va y viene por él, pálida y angustiada, con los brazos cruzados y la cabeza gacha.
Tiene lágrimas en los ojos, pero en la mirada que lanza a su madre hay resolución. Se
enjuga las lágrimas precipitadamente y una sonrisa irónica aparece en sus labios.
-¡Mamá -dice anticipando a Marya Aleksandrovna-, hace un momento ha gastado usted
en balde conmigo mucha retórica, demasiada retórica! Pero no me ha deslumbrado usted.
No soy una niña. Persuadirme de que cumplo la misión de una hermana de la caridad, no
teniendo para ello la menor vocación, justificar la bajeza que se hace sólo por egoísmo
fingiendo que tiene un noble propósito, todo eso es de una trapacería tal que no puede
engañarme. ¡óigame bien: no ha podido engañarme y quiero que lo sepa usted bien!
-¡Pero, mon age...! -exclama intimidada Marya Aleksandrovna.
-¡Céllese, mamá! Tenga paciencia para escucharme hasta el fin. A pesar de tener plena
conciencia de que esto no es más que una trapacería, a pesar de mi pleno convencimiento
de que esta conducta es enteramente innoble, acepto por completo su propuesta, ¿oye?
por completo, y le anuncio que estoy dispuesta a casarme con el príncipe, dispuesta
incluso a ayudar con todas mis fuerzas a inducirle a que se case conmigo. ¿Por qué hago
esto? No tiene usted por qué saberlo. Baste el hecho de que estoy decidida. Estoy
decidida a todo: le pondré las botas, seré su criada, bailaré para tenerle contento, para
resarcirle de mi vileza, haré uso de cuanto haya a mano para que no se arrepienta de
haberse casado conmígo. Pero a cambio de mi decisión exijo que me diga usted
claramente cómo piensa arreglar el asunto. Puesto que ha empezado usted a hablar de ello
con tanta insistencia, la conozco demasiado bien para saber que no lo hubiera hecho usted
sin tener ya en la cabeza un plan determinado. Sea franca al menos una vez en su vida. La
franqueza es condición indispensable. No puedo decidirme sin saber exactamente cómo
piensa usted hacer todo eso.


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