El sueño del príncipe (Fedor Dostoiewski) - pág.45
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excelente pensionado de madame Jarnis ¡y cause muy buena impresión! ¡Me aplaudieron
unos senadores! ¡Allí se educaban hijas de príncipes y condes! Pero esto de aquí no es
mas que un cancán. ¡Me puse colorada de vergüenza, colorada, colorada! En fin, que no
pude aguantarlo más y me fui.
-¿Pero... ha estado usted también en casa de Natalya Dmitrievna? Pero si usted...
-Bueno, sí, me insultó la semana pasada. Se lo digo a todo el mundo sin rodeos. Mais,
ma chére, yo quería ver a ese príncipe aunque sólo fuera por un resquicio de la puerta.
También fui. Si no, ¿dónde hubiera podído verlo? ¿Cree usted que hubiera ido a esa casa
si no hubiera sido por ese miserable principejo? Figúrese que sirvieron chocolate a todo
el mundo menos a mí, y ni siquiera me dirigieron la palabra durante todo ese tiempo. Ella
lo hizo de propósito... ¡Barril de mujer, ya me las pagará! Pero adiós, mon ange, voy con
prisa, con mucha prisa... Necesito encontrar a Akulina Panfilovna y contárselo todo...
Ahora despídase usted del príncipe, porque en esta casa ya no le verá usted. Ya sabe
usted que no tiene memoria; con que Anna Nikolaevna de seguro que se lo lleva consigo.
Todas temen que usted... ¿comprende? por Zina.
-¡Quelle horreur!
-Igual que se lo cuento. Toda la ciudad habla de ello. Anna Nikolaevna quiere retenerle
a toda costa para comer, y después para siempre. Lo hace por la inquina que le tiene a
usted, mon ange. La he visto en el patio, por una rendija. ¡Qué bullicio que hay allí!
Estaban preparando la comida, rechinaban los cuchillos..., han mandado por champaña...
Dése usted prisa, mucha prisa, y cójale en el camino cuando vaya a casa de ella. Porque,
al fin y al cabo, la de usted fue la primera invitación a comer que aceptó. Es el invitado
de usted, no de ella. ¡Vamos, que estaría bueno que se riera de usted esa vieja zancarrona,
esa intriganta, esa daifa! ¡Si no vale una suela de mi zapato por muy fiscala que sea! ¡Yo
soy coronela! Yo me eduqué en el excelente pensionado de madame Jarnis... ¡qué se
creerá ella! Mais adieu, mon ange. He venido en mi propio trineo, que si no, me iba con
usted en el suyo.
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